En la historia republicana del Perú hay nombres que funcionan como hitos: figuras que encarnan una época, un deseo colectivo o una urgencia social. César Vallejo y César Acuña pertenecen a momentos distintos, pero dialogan en un punto esencial: ambos entendieron que la educación es una herramienta de movilidad social y una palanca transformadora capaz de alterar el destino de los pueblos.

El pensamiento educativo de Vallejo y el proyecto de Acuña
Vallejo desde la sensibilidad humanista y la pedagogía del afecto. Acuña desde la gestión, la estructura organizativa y la expansión institucional. Uno fundó escuela desde el aula; el otro desde la universidad.
Vallejo enseñó en Trujillo y Lima, cultivando una “pedagogía del cariño” que rompía con la enseñanza autoritaria. Más tarde, desde Europa, visionó un modelo educativo integral, científico y orientado al trabajo productivo. Admiró la educación politécnica y el ideal de una escuela pública que permitiera al hijo del obrero aspirar al mismo horizonte que el hijo del profesional.
Acuña: Del caserío a la fundación de universidades
Acuña emerge un siglo después en un Perú con demanda masiva de educación superior. Ingeniero de origen rural, convierte la educación en eje de ascenso personal y colectivo. Su biografía —del caserío cajamarquino a la fundación de universidades en todo el país— condensa un mensaje político poderoso: estudiar es progresar. Allí se ubica la principal conexión con Vallejo: la convicción de que el conocimiento debe ser accesible para quienes históricamente quedaron fuera.

La democratización de la universidad en el Perú
Desde esta lectura, no es casualidad que la primera universidad creada por César Acuña se llame Universidad César Vallejo (UCV). Posteriormente fundaría la Universidad Señor de Sipán y la Universidad Autónoma del Perú, consolidando un fenómeno educativo sin precedentes por cantidad de alumnos y alcance territorial.
Infraestructura y gestión: El modelo de masificación
La masificación universitaria no fue casual, sino programática: un modelo de bajo costo que democratizó oportunidades, con infraestructura moderna, docencia amplia y presencia nacional. Contó con profesionales a la cabeza, como Beatriz Merino como presidenta ejecutiva de la Universidad César Vallejo. La educación dejó de ser un privilegio limeño y se convirtió en un derecho real para las regiones.
Alianza para el Progreso: Educación, tecnología y empleo
La vinculación entre ambos César va más allá de la democratización del aula. Vallejo creía en la educación como justicia social; Acuña ha desarrollado esa idea desde la praxis: becas, programas de inclusión y movilidad a gran escala.
Su proyecto político, Alianza para el Progreso (APP), sostiene la educación como eje central. Propone:
- Fortalecer la inversión pública en infraestructura educativa.
- Promover formación técnica vinculada a la actividad productiva.
- Carreras del futuro: Enfoque en ingeniería, inteligencia artificial y educación digital.
La idea de conectar conocimiento con empleo se inspira en el proyecto vallejiano de unir ciencia, trabajo y desarrollo nacional.
Hacia un país donde la educación sea progreso real
Hoy, el contraste Vallejo–Acuña permite una reflexión útil. El primero nos recuerda la dimensión ética: humanismo y afecto. El segundo nos muestra la dimensión práctica: gestión, acceso e institucionalidad.
La candidatura de Acuña se mueve en ese terreno. Su valor para el país dependerá de su capacidad de articular crecimiento con calidad y expansión con innovación. Si logra integrar la sensibilidad de Vallejo con la eficiencia estructural que él mismo ha construido, podría encabezar un ciclo en que la educación vuelva a ser la gran palanca de desarrollo en el Perú.
