José Linares Gallo

Los dos terremotos de magnitud 7.2 y 7.5 que sacudieron este miércoles 24 el norte de Venezuela, con apenas cuarenta segundos de diferencia, dejaron en evidencia la magnitud de los desafíos que enfrenta un país cuando ocurre una catástrofe de esta magnitud. En pocos segundos colapsaron edificios de vivienda, que cada vez albergan a más familias, así como edificios públicos y privados. También se interrumpieron los servicios de agua, electricidad y telecomunicaciones, mientras otras infraestructuras estratégicas resultaban afectadas.

Voluntarios realizan labores de búsqueda de sobrevivientes este martes, en La Guaira (Venezuela). EFE/ Miguel Gutiérrez

El silencio sísmico y la vulnerabilidad de la costa central

Aunque Venezuela está entre las placas tectónicas del Caribe y Sudamérica, y el Perú se ubica en el cinturón de Fuego del Pacífico, ambos países son susceptibles de sufrir terremotos destructivos. Nuestro país enfrenta, además, un prolongado silencio sísmico en la costa central, y gran parte de Lima y el Callao se asienta sobre suelos arcillosos que amplifican el movimiento sísmico. En lo que va del año han habido 379 movimientos sísmicos por lo que se considera a Lima el mayor centro de actividad sísmica de América.

Prepararnos con anticipación permitirá reducir la pérdida de vidas y los daños materiales.

En el Cinturón de fuego del Pacífico ocurre el 90% de actividad sísmica del planeta. Foto: Unidiversidad.

Capacidad de rescate limitada: El rol de la flota aérea

El Perú cuenta actualmente con 111 helicópteros distribuidos entre las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional. Para un país con una geografía tan extensa y accidentada, esta capacidad resulta limitada, sobretodo si parte de la flota permanece periódicamente fuera de servicio por mantenimiento o reposición de componentes. Estas aeronaves son fundamentales para evacuar heridos, movilizar brigadas de rescate, funcionar como grúas aéreas y llegar a poblaciones aisladas cuando carreteras y puentes quedan inutilizados. Por ello, resulta necesario ampliar la flota, desarrollar una red nacional de helipuertos e incrementar la formación de pilotos en la Escuela de Aviación de la Fuerza Aérea del Perú.

Perú es el tercer país de Sudamérica con la flota de helicópteros más grande. Fotografía de Infobae Perú/Agencia Andina.

Sin embargo, el problema va más allá del número de helicópteros. La experiencia demuestra que el Estado aún no está preparado para afrontar una catástrofe de gran magnitud. A esta limitación se suman hospitales insuficientes, infraestructura crítica deteriorada y servicios públicos que difícilmente podrían responder cuando el país más los necesite. Lo ocurrido en Venezuela demuestra que una emergencia de gran magnitud puede comprometer simultáneamente el funcionamiento de varios servicios esenciales, dificultando las labores de rescate durante las horas más decisivas.

La salud pública ante emergencias de gran magnitud

La pandemia de la COVID-19 dejó una lección que no debemos olvidar. Al inicio de la emergencia sanitaria, el Perú apenas contaba con alrededor de un centenar de camas UCI. Aunque luego amplió su capacidad, la demanda la superó ampliamente. Hospitales colapsados y familias buscando una cama evidenciaron las limitaciones de un Estado que durante décadas descuidó su capacidad de respuesta, al punto de que el Perú terminó registrando la mayor tasa de fallecidos por millón de habitantes del mundo.

Durante la Pandemia, el Perú apenas contaba con alrededor de un centenar de camas UCI(Foto referencial: GEC)/NUCLEO-FOTOGRAFIA > HUGO CUROTTO.

Si bien la capacidad hospitalaria ha mejorado desde entonces, el sistema de salud continúa sin darse abasto. Persisten graves carencias de infraestructura, equipamiento, personal especializado y logística. Y las unidades de cuidados intensivos mantienen altos niveles de ocupación durante buena parte del año, por lo que una nueva pandemia o un terremoto de gran magnitud en estas condiciones agravaría esta situación crítica.

El colapso de la infraestructura crítica y la autoconstrucción

La preparación frente a desastres tampoco puede reducirse al sector salud. En el Perú aún existen colegios al borde del colapso donde miles de estudiantes y docentes asisten diariamente a clases. Un terremoto de gran magnitud podría convertir estas instituciones en trampas mortales. Lo mismo ocurre con hospitales, puentes, carreteras y otras infraestructuras estratégicas que requieren mantenimiento o modernización.

Millones de peruanos viven en viviendas autoconstruidas, levantadas sin estudios de suelos, supervisión técnica o criterios de ingeniería sismorresistente. Paralelamente, las ciudades crecen cada vez más en altura y una proporción creciente de la población vive o trabaja en edificios de varios pisos.

Las viviendas autoconstruidas corren riesgo debido a su falta de procedimientos legales. Fotografía de Difusión.

Tecnología de prevención: Sistemas de alerta temprana

Desde hace años se anuncia la implementación del sistema de alerta temprana como una herramienta fundamental para advertir a la población antes de un gran sismo. Sin embargo, las pruebas realizadas han evidenciado deficiencias y, en numerosos casos, las alarmas simplemente no se activaron. Países como Japón cuentan, desde hace años, con sistemas capaces de anticipar un terremoto con más de un minuto de ventaja; el Perú debe impulsar un acuerdo binacional para poder contar con la instalación de la misma tecnología antes de que ocurra el próximo gran sismo.

Prepararnos para la próxima catástrofe significa invertir con anticipación en infraestructura crítica, hospitales, colegios, sistemas de alerta, rescate especializado y capacidad logística. La prevención siempre cuesta menos que la reconstrucción y, sobre todo, permite salvar vidas. Cuando llegue el próximo gran terremoto ya no habrá tiempo para improvisar.

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