José Linares Gallo

Cuando san Juan Pablo II llegó a Ayacucho en febrero de 1985, el Perú atravesaba uno de los momentos más dramáticos de su historia. El terrorismo había sembrado el miedo y la violencia amenazaba con convertirse en el único lenguaje posible. Allí, en el corazón del conflicto, el Pontífice hizo un llamado a abandonar el enfrentamiento y optar por la reconciliación.

El papa Juan Pablo II llegó al Perú durante la época del terrorismo y pidió un cambio de camino: “En nombre de Dios: ¡Cambiad de camino! ¡Convertíos a la causa de la reconciliación y de la paz! ¡Aún estáis a tiempo! Muchas lágrimas de víctimas inocentes esperan vuestra respuesta”. Imagen de EL COMERCIO PERÚ.

El 2018, el Papa Francisco encontró un país distinto, pero igualmente golpeado por profundas fracturas institucionales. En medio de la crisis política y los escándalos de corrupción, recordó que esta era un “virus social” que terminaba destruyendo la democracia y perjudicando, sobre todo, a los más pobres.

En 2018, el papa Francisco llegó al Perú a bordo del papa móvil en la avenida Brasil. Imagen de La República.

La gira del Papa León XIV y su itinerario simbólico

La llegada del Papa León XIV en noviembre puede convertirse en uno de esos momentos. Su presencia posee un significado especial por el profundo vínculo que mantiene con el Perú, donde desarrolló gran parte de su labor pastoral y del que hoy también es un orgulloso ciudadano. No es casual, además, que el Vaticano haya destinado al Perú la permanencia más extensa de su primera gira latinoamericana, frente a los dos días que estará en Uruguay y los tres de Argentina. Durante siete días recorrerá Lima, Chiclayo, Cusco y Pucallpa, un itinerario que refleja los grandes rostros del país: el centro de las decisiones políticas, la diócesis donde forjó buena parte de su ministerio, la riqueza histórica y cultural de los Andes y la Amazonía como símbolo de diversidad, patrimonio natural y pueblos originarios.

La visita del Papa León XIV al Perú está prevista del 11 al 17 de noviembre de 2026. Imagen de Perú Católico.

La visita coincide con el inicio de una nueva etapa política y con el llamado formulado por la presidenta de la República a impulsar un proceso de reconciliación nacional. Esa coincidencia merece ser entendida como una oportunidad de Estado.

La necesidad histórica de una concertación nacional

Desde los años previos a la Asamblea Constituyente de 1978 he sostenido que el Perú necesitaba un verdadero proceso de concertación nacional, capaz de convocar a las fuerzas vivas de la sociedad y construir acuerdos que trascendieran a los gobiernos de turno.

Nuestro país ha demostrado una notable capacidad para superar crisis económicas y políticas; sin embargo, lo logra sin tener en consideración el costo social. Cambian los gobiernos y las mayorías parlamentarias, pero la polarización sigue debilitando las instituciones, dificultando la construcción de desarrollo a corto, mediano y largo plazo.

Sanar las fracturas sociales y la desigualdad territorial

La reconciliación no puede comenzar únicamente entre los actores políticos. Debe empezar por reconciliar al propio pueblo peruano. Somos una sociedad fragmentada porque amplios sectores del país han vivido durante generaciones, e incluso durante siglos, sintiéndose postergados, invisibles o excluidos del desarrollo nacional.

Hemos sido capaces de generar crecimiento económico, impulsado en gran medida por nuestras actividades extractivas sin valor agregado, pero ese crecimiento no siempre se ha traducido en desarrollo compartido. Persisten desigualdades territoriales y millones de compatriotas que siguen viviendo en condiciones de pobreza y pobreza extrema. Mientras tanto, el Estado aún no logra integrar plenamente a todos los peruanos, quienes muchas veces no reconocemos que nuestra peruanidad comienza por sentir orgullo de haber nacido en un país con una cultura preinca e inca, con un territorio lleno de riquezas naturales y considerada entre las más tecnológicas del mundo antiguo. Hoy, el quipu, es reconocido como el antecedente más próximo al código informático y a la computadora.

Estudiantes de Chile conocen e interactúen con este antiguo sistema andino de registro de información. Imagen de QUIPU.

Un llamado fundado en la doctrina social de la Iglesia

Por ello, la reconciliación que hoy necesita el país debe convertirse en un verdadero proceso nacional de concertación. Ello supone fortalecer nuestras lenguas originarias, valorar la riqueza de nuestros pueblos andinos y amazónicos, proteger el entorno natural que compartimos y construir un Estado que represente verdaderamente a toda la Nación.

Ese mensaje coincide con un principio de la doctrina social de la Iglesia: no puede existir una paz duradera sin justicia social, solidaridad y respeto por la dignidad humana, porque toda reconciliación auténtica debe traducirse en hechos concretos y en instituciones capaces de generar confianza.

La presencia del Papa León XIV ofrece una oportunidad excepcional para iniciar ese camino. Su autoridad moral trasciende credos e ideologías y puede convocar a las instituciones públicas, las universidades, el sector empresarial, los trabajadores y la sociedad civil para construir un Perú capaz de dialogar consigo mismo y de alcanzar consensos sobre las grandes políticas nacionales.

El legado más importante de las visitas papales nunca ha estado en las ceremonias multitudinarias, sino en la capacidad de los pueblos para convertir sus mensajes en decisiones duraderas. Si el Gobierno, las instituciones y la sociedad peruana asumen el desafío de iniciar un proceso serio de concertación nacional, la llegada del Papa León XIV habrá demostrado que la reconciliación puede convertirse en un verdadero proyecto de futuro.

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