Un visitante llega al Perú, recorre Machu Picchu, toma fotos y regresa a su país. Sin embargo, detrás de esa clásica postal se despliega un territorio milenario que todavía no mostramos en su verdadera dimensión. En Ayacucho, Apurímac, Cusco, Puno, Arequipa, Huancavelica y otras regiones del sur andino sobreviven lenguas, saberes, tecnologías ancestrales, artesanías y comunidades con miles de años de historia. El problema de fondo es que esta riqueza cultural no se ha integrado a una estrategia clara de desarrollo económico. El nuevo Gobierno tiene la oportunidad histórica de impulsar un trabajo directo entre el Ministerio de Cultura, la Cancillería y el Mincetur, sumando de forma activa a los gobiernos regionales y municipios.

Reactivación y diversificación regional
En 2025 ingresaron al país más de 4,1 millones de visitantes internacionales. De ellos, 3,4 millones pernoctaron en nuestro territorio, una cifra que aún se ubica 20% por debajo de los niveles registrados antes de la pandemia. No obstante, los ingresos por turismo receptivo alcanzaron un récord de US$ 5.351 millones. Esto demuestra algo fundamental: recibimos menos viajeros que en 2019, pero quienes nos visitan dejan un gasto mayor.

Ahí se abre una oportunidad concreta que he sostenido en diversos espacios: la meta no debe ser solo sumar personas, sino lograr que permanezcan más días, recorran diversas regiones y que sus recursos dinamicen directamente a las familias locales.
Para lograrlo, resulta urgente resolver los problemas de gestión en Machu Picchu. Hoy la compra de boletos enfrenta serias trabas logísticas, al punto que las agencias de viaje no pueden asegurar el ingreso a los viajeros. Dar predictibilidad a este acceso es vital para proteger el flujo comercial que sostiene a Cusco y proyectarlo hacia las regiones vecinas.

En paralelo, debemos abrir rutas enfocadas en el ámbito científico y educativo. Un caso emblemático es el quipu, considerado por la ciencia actual como el principal antecedente del código informático y de la computadora. Al ser objeto de estudio en universidades de Estados Unidos y Europa, el prestigio global del quipu representa un imán directo para investigadores, docentes y universitarios.

Para aprovechar este flujo necesitamos descentralizar los vuelos. Mientras Lima afronta serios problemas de seguridad, es urgente terminar el Aeropuerto Internacional de Chinchero a la brevedad; lo que permitirá el arribo directo al Ande, desde donde accedemos a Cusco, Arequipa, Puno y Ayacucho.
Tecnología y cultura viva
Reivindicar nuestro legado exige ir más allá de los monumentos de piedra: implica respaldar a los ciudadanos que mantienen vivas sus tradiciones. El turismo vivencial—donde las familias acondicionan sus casas para albergar al visitante con servicios básicos— facilita un contacto genuino con la gastronomía, la artesanía y el entorno local.
El sur andino alberga una importante población quechuahablante, aproximadamente el 70%, pero los recursos digitales en este idioma siguen siendo escasos. Llevo años insistiendo en la urgencia de avanzar hacia una alfabetización tecnodigital en quechua. Aplicada al sector, permite que una asociación comunitaria gestione sus reservas sin intermediarios, que un artesano venda sus creaciones al extranjero o que un guía narre su historia mediante aplicaciones de traducción en tiempo real con inteligencia artificial. De este modo, un relato en quechua puede escucharse al instante en inglés, francés o mandarín.
Incluso, la estructura sintáctica del quechua guarda marcadas similitudes con el inglés —como el uso de calificadores antes del sustantivo—, un rasgo pedagógico que podemos aprovechar para diseñar programas de intercambio lingüístico entre angloparlantes y comuneros.
Articulación desde el territorio
El viajero actual busca experiencias auténticas, sostenibles y humanas. Para responder a esta demanda propongo una labor compartida y sencilla de entender: mientras Cultura protege los conocimientos y las lenguas originarias, el Mincetur transforma ese valor en circuitos atractivos y capacita a las comunidades. A su vez, la Cancillería difunde esta propuesta mediante embajadas y consulados, mientras los gobiernos regionales y alcaldías ejecutan la estrategia en el terreno, donde están los guías, artesanos y hospedajes rurales.
Si conformamos una mesa técnica permanente entre estas instituciones —con metas claras y presupuesto asignado— podremos consolidar rutas temáticas alrededor de las culturas Wari e Inca, el quipu, el Qhapaq Ñan y el lago Titicaca.
Al inicio de un nuevo periodo de gobierno, el Perú tiene las herramientas para dejar atrás la gestión fragmentada. “Tenemos la historia, la tecnología y el talento humano para convertir al sur andino en el gran motor del turismo nacional”.
