José Linares Gallo

Las recientes advertencias sobre los riesgos de la inteligencia artificial han vuelto a colocar una pregunta sobre la mesa. A medida que estos sistemas adquieren mayor capacidad para razonar, programar, investigar y ejecutar tareas, ¿podría llegar un momento en que dejen de responder a quienes los crearon?

¿Podrá la inteligencia artificial dominar el mundo en algún momento? Imagen de IA Agentes Panamá.

Los límites biológicos y físicos de la IA

Los riesgos existen. Una IA puede equivocarse, alucinar o ser utilizada para fraudes y ciberataques. Pero una cosa es producir resultados inesperados y otra adquirir conciencia o instinto de supervivencia. La IA procesa información, reconoce patrones y optimiza funciones matemáticas; no posee neurobiología, miedo a morir ni necesidad biológica de conservarse. Hasta hoy no conocemos evidencia de que pueda desear algo por sí misma.

La infraestructura física y el consumo energético

Solemos ver la IA como algo intangible en la nube, pero en realidad depende de una enorme infraestructura física. Cada respuesta requiere semiconductores, inversiones, ingenieros y un altísimo consumo de recursos: los centros de datos del mundo usan 24 veces la electricidad de Lima y billones de litros de agua para enfriarse. Por más que la IA avance, siempre dependerá de chips, energía, datos de calidad y, sobre todo, del trabajo humano.

El reto de actuar en el mundo real: Drones vs. física

Esos límites aparecen con mayor claridad cuando la IA sale de la computadora y actúa en el mundo físico. China está utilizando el reparto con drones como un gran laboratorio tecnológico. Pero entregar un paquete volando significa vencer la gravedad y enfrentar viento, lluvia, ruido y consumo energético. En muchos recorridos urbanos una bicicleta elemental o eléctrica sigue siendo más eficiente. La automatización transformará empleos, pero su avance tendrá límites económicos y físicos.

La dimensión geopolítica: La pugna entre EE. UU. y China

China resulta especialmente interesante por la escala de ese laboratorio. Tiene 1.400 millones de habitantes y, según el Banco Mundial, en cuatro décadas logró sacar a cerca de 800 millones de personas de la pobreza extrema. Ahora experimenta con tecnologías que pueden modificar nuevamente su producción, transporte y empleo, que casi es utilizada mundialmente.

El gobierno de la segunda potencia económica mundial celebra el fin de la pobreza extrema, tras años de medidas y ayudas a los más desposeídos. Imagen de DW.

Si la IA necesita infraestructura, energía, capital, datos y personas, quienes controlen esos recursos tendrán una enorme capacidad para orientar su desarrollo. Ahí aparece la dimensión geopolítica. También que la IA ha evolucionado rápidamente que se torna incontrolable sobre todo en occidente.

Modelos de desarrollo tecnológico opuestos

Estados Unidos y China compiten por el liderazgo tecnológico global con estrategias opuestas:

  • Estados Unidos: Impulsa la innovación de sus grandes empresas y busca exportar paquetes tecnológicos completos (chips, centros de datos y software) a países aliados para afianzar su ecosistema.
  • China: Propone un modelo de cooperación centrado en infraestructura, capacitación y laboratorios conjuntos pero también adaptados a las necesidades locales.

La hoja de ruta para el Perú y las lenguas originarias

El Perú puede relacionarse con ambos modelos, pero primero debe definir sus objetivos y llevar su estrategia nacional de inteligencia artificial a proyectos concretos.

Es clave desarrollar IA para mejorar la educación, orientar a pequeños agricultores, anticipar desastres naturales y fortalecer la salud preventiva y los servicios públicos. Además, necesitamos herramientas que funcionen en quechua, aimara y shipibo, lenguas que concentran al 95% de hablantes de lenguas originarias en el país.

Lecciones del modelo lingüístico chino

Recordemos aquí que China también tenía muchas lenguas originarias y que hace no más de 60 años decidió que las sigan usando en el plano familiar y comunal, pero para la aplicación de la tecnología conjuntamente con términos relacionados a economía, emprendimiento y Estado se utilice únicamente el chino mandarín y podemos ver ahora sus enormes resultados.

Hacia una estrategia nacional con fondos público-privados

No necesitamos construir los modelos más grandes del mundo. El Estado puede identificar problemas productivos clave y convocar a universidades y empresas para crear soluciones especializadas. Un fondo público-privado competitivo financiaría estos proyectos, mientras las universidades aportan investigación, las empresas su alcance y el Estado datos protegidos, infraestructura e inversión económica compartida. Sumar especialistas extranjeros y cooperación internacional permitirá, además, formar capacidades peruanas para el siglo XXI.

No debemos temerle a la inteligencia artificial. Debemos conocer sus posibilidades, comprender sus límites y establecer controles cuando sean necesarios. Recordemos que el país más poblado del mundo mantiene la IA desde inicial, primaria y secundaria porque es lo único que asegura el desarrollo sostenido.

La IA será una de las grandes fuerzas económicas de este siglo. El Perú tiene que decidir si entrará a esa transformación solamente como consumidor de tecnologías creadas lejos de nuestra realidad o si aprenderá a utilizarlas para producir, educar, investigar y resolver nuestros problemas. Las máquinas podrán hacerse cada vez más inteligentes. Lo que no podemos permitir es que el Perú renuncie solo o en conjunto a desarrollar soluciones propias utilizando la Inteligencia Artificial en todos los sectores.

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