En los últimos diez años, el Perú ha tenido ocho presidentes. Tan solo este dato resume una crisis política que ya no puede explicarse por errores individuales ni por coyunturas excepcionales. Lo que hemos vivido es una falla estructural del sistema: presidentes débiles, congresos fragmentados y una ciudadanía que vota más por rechazo que por convicción. Hoy, a menos de dos meses de las elecciones, la pregunta central no es quién ganará, sino si estamos eligiendo algo distinto o repitiendo el mismo ciclo.
La secuencia de la fragilidad: De Kuczynski a Balcázar
La secuencia reciente muestra un patrón claro, un mismo problema con rostros distintos. Pedro Pablo Kuczynski llegó con la promesa de tecnocracia, pero sin base política. Martín Vizcarra gobernó con legitimidad popular, pero sin partido. Manuel Merino evidenció la ruptura institucional. Francisco Sagasti estabilizó la transición, pero no resolvió la fragilidad. Pedro Castillo encarnó el outsider, pero sin capacidad de gestión. Dina Boluarte sobrevivió con apoyo parlamentario, pero sin respaldo social. José Jerí mostró que el desgaste puede ser inmediato. Hoy, con José María Balcázar, el país inicia una nueva etapa, pero el problema sigue intacto.
Este recorrido es un espejo del presente. Si observamos a los candidatos actuales, las diferencias son menores de lo que parece:
- Rafael López Aliaga: Proyecta liderazgo fuerte y agenda en seguridad, pero enfrenta un alto nivel de rechazo.
- Keiko Fujimori: Representa experiencia y estructura, pero con un techo de antivoto que podría generar bloqueo político.
- Alfonso López Chau: Ofrece técnica y moderación, pero carece de organización nacional.
- Carlos Álvarez: Capitaliza la indignación y el voto emocional, pero sin equipo ni experiencia.
- César Acuña: Cuenta con estructura territorial, pero enfrenta un déficit de legitimidad.
El análisis de las encuestas: Un electorado sin alternativas claras
Las encuestas confirman este escenario. El reciente estudio nacional de CPI (aplicada del 14 al 18 de febrero) muestra una competencia fragmentada. Rafael López Aliaga lidera con 13.9%, un nivel bajo para un proceso electoral. Después, solo Keiko Fujimori (7.0%) y Alfonso López Chau (5.1%) superan el 5%, mientras que el resto de candidaturas sigue disperso.
Más revelador aún es que el 29.1% de los electores no ha decidido su voto y el 16.1% considera votar en blanco o nulo. El mayor “partido” sigue siendo el de los indecisos y el rechazo al sistema.
El Congreso y el nuevo Senado: ¿Equilibrio o bloqueo?
El Congreso ha sido uno de los principales focos de inestabilidad. Ahora, con dos cámaras, ese poder será incluso mayor. El Senado podría convertirse en un espacio de reflexión y equilibrio, pero también en una instancia de bloqueo si se repiten los mismos errores. El problema no es solo quién gane la presidencia, sino qué tipo de Parlamento elegiremos. Si se eligen perfiles con visión de Estado y capacidad de diálogo, la gobernabilidad sí podría mejorar.
Hoy, el contexto es más complejo que en 2016. La inseguridad, el crimen organizado y los retos de productividad requieren continuidad y coordinación, condiciones que han sido escasas en la última década.
El riesgo de la repetición
Sin reformas políticas que fortalezcan partidos e incentiven coaliciones, la inestabilidad continuará. El riesgo para este año es la repetición del ciclo. Hoy contamos con un presidente que nos dice que es independiente y que no tiene compromisos con nadie. Debemos esperar un consejo de ministros fundamentalmente técnico, démosle la oportunidad a él y al país. Es peor continuar con la inestabilidad.
