En una elección marcada por la fragmentación, el desgaste institucional y el avance de la criminalidad, mirar el pasado no es nostalgia, es evaluación política.
La figura de Keiko Fujimori aparece inevitablemente vinculada a la de Alberto Fujimori, no solo por un lazo biográfico, sino porque el debate nacional sigue girando alrededor de los resultados, decisiones y costos de aquel periodo. En “Buscando un estadista”, el objetivo no es reivindicar ni condenar, sino identificar si existe hoy una lógica programática y doctrinaria capaz de traducirse en desarrollo real.

EL FUJIMORISMO Y SU ORIGEN
Respuesta pragmática a una crisis del Estado
Ese antecedente no absuelve ni condena. Sirve para recordar que el fujimorismo nació como respuesta pragmática a una crisis terminal del Estado. El Perú que asumió Alberto Fujimori estaba devastado por la hiperinflación, el colapso fiscal y la violencia terrorista. El diagnóstico fue certero y los resultados macroeconómicos, innegables: estabilización, reinserción internacional y recuperación del crecimiento.

El problema fue el método. La concentración de poder, la degradación institucional y la corrupción sistémica terminaron socavando lo que inicialmente se había reconstruido. El balance es ambivalente: eficacia económica con ruptura institucional.
Keiko Fujimori y su propia trayectoria
Experiencia, formación y actualización política
Keiko Fujimori carga con el legado ambivalente, pero no se reduce a este. Su formación profesional se centra en la administración de empresas, con estudios de pregrado en la Universidad de Boston y una maestría en Administración de Negocios (MBA) en la Columbia Business School. En las elecciones de 2006 fue la congresista más votada del país, con más de 600,000 votos, consolidando su propia legitimidad política. Esto se refleja en una visión tecnocrática del Estado orientada al desarrollo integral, la inversión privada y la seguridad.

En 1996, durante su rol como primera dama, tuve además la oportunidad de coincidir con ella en el primer concurso de robótica educativa de alcance latinoamericano desarrollado en el Perú y exhibido en la Feria del Pacífico. Su interés por la tecnología aplicada a la educación infantil era concreto, en un momento en que estos temas aún no ocupaban el centro del debate público.
No hay en su propuesta una ruptura doctrinaria con el fujimorismo original; hay una tentativa de actualización: mercado con Estado, crecimiento con política social focalizada, autoridad con legalidad.
Una dimensión personal en el contexto actual
Maternidad, experiencia y percepción del Estado
A ello se suma una dimensión que no es menor en el Perú actual. Keiko Fujimori es madre de dos hijas adolescentes en un país machista y atravesado por altos niveles de violencia, donde las mujeres suelen ser las más perjudicadas.
Su experiencia de maternidad estuvo marcada por la exposición pública, la prisión preventiva y la presión judicial, vividas mientras sus hijas crecían. Esa experiencia ha sido incorporada a su discurso político, no como victimización, sino como conciencia de fragilidad social y familiar frente a un Estado que, cuando se equivoca, toma demasiado tiempo para rectificarse.
Gobernar con responsabilidad de largo plazo
Entre el legado y la capacidad de ejecución
En términos programáticos, el énfasis en seguridad y crecimiento responde a una demanda social evidente. Hoy no enfrentamos hiperinflación, pero sí criminalidad organizada, informalidad extendida y pobreza sin servicios básicos; inexplicable pese a los ingresos mineros. La experiencia histórica es clara: sin autoridad efectiva no hay desarrollo.
En “Buscando un estadista”, el contraste es funcional para al país. Alberto Fujimori fue, en su inicio, un presidente de resultados en un contexto extremo; terminó siendo un factor de ruptura institucional. Keiko Fujimori aspira a gobernar en un contexto distinto, con errores conocidos y aprendizajes acumulados. Si convierte ese pasado en experiencia y no en repetición, su candidatura debe ser evaluada sin prejuicios heredados que responden a errores del padre y no a una gestión que ella aún no ha ejercido.
La historia ofrece referentes, no moldes. Aprender de ellos, sin quedar atrapados en sus sombras, debe ser uno de sus objetivos principales.
