José Linares Gallo

El cobre ya es un insumo estratégico. La electrificación global, las redes eléctricas, los vehículos eléctricos y la infraestructura digital están elevando su demanda a niveles históricos. Todo apunta a que en la próxima década superará a la oferta. Esa brecha elevará los precios y abre una oportunidad que el Perú no puede desaprovechar.

Cobre
Cobre, una oportunidad que no puede desaprovechar el Perú. Fuente: Correias Mercúrio.

Ventaja competitiva frente a la región

El Perú parte con una ventaja clara: concentra alrededor del 10% de las reservas mundiales y más de 40 mil millones de dólares en proyectos de cobre. A ello se suma una geología favorable, con yacimientos más jóvenes y de mayor calidad, que permiten producir con mayor eficiencia. En paralelo, Chile, el actual líder mundial, enfrenta un escenario distinto. Sus grandes minas están envejeciendo, lo que obliga a procesar más material para obtener la misma cantidad de cobre, elevando significativamente sus costos operativos y energéticos.

Chile es el líder de la exportación del cobre. Fuente: Mining Press.

El desafío del valor agregado: De concentrado a cobre refinado

Sin embargo, el verdadero punto de quiebre está en cómo producimos y qué tipo de producto exportamos. Hoy, tanto Perú como Chile siguen enviando una parte importante de su producción en forma de concentrado, un material que contiene apenas entre 25% y 30% de cobre fino. Ese insumo es luego procesado en el extranjero, principalmente en Asia, donde se captura el mayor valor agregado del proceso industrial.

El problema de fondo es claro: exportamos volumen, pero no capturamos valor. El cobre refinado, con purezas superiores al 99,99%, se vende a mejor precio y es la base de industrias eléctricas, electrónicas y manufactureras. Chile ha avanzado más en esta etapa, pero incluso este país enfrenta un límite: su acceso a energía.

La energía como pilar de competitividad

La energía es clave en la competitividad del cobre. Puede representar hasta el 15% de los costos de una mina y aún más en fundición y refinación, procesos altamente intensivos en electricidad. En ese terreno, el Perú tiene una ventaja que aún no aprovecha. El gas de Camisea ha permitido tarifas competitivas y una base energética estable, pero durante décadas se ha exportado a precios bajos, limitando su uso estratégico. Reorientarlo al consumo interno permitiría sostener una industria más competitiva y con mayor valor agregado.

Foto de parte del consorcio de Gas Camisea. Fuente: Gestión.

A esto se suma el potencial del sur. Arequipa, junto con Moquegua y Tacna, posee uno de los niveles de radiación solar más altos del planeta. Ya existe infraestructura en operación. La Central Solar San Martín genera más de 830 GWh al año, abastece a más de 440 mil hogares y marca el inicio de una expansión real de energías renovables. A escala nacional, el potencial solar supera los 937 mil megavatios.

Industrialización y nuevos mercados internacionales

El siguiente paso es claro: desarrollar fundiciones y refinerías en el país. Pasar de exportar concentrado a exportar cátodos y productos de mayor valor. El impacto va más allá del sector minero. Impulsa empleo calificado, proveedores industriales y cadenas productivas. Ahí empieza la industrialización.

Además, el contexto internacional juega a favor. Europa y Estados Unidos ya valoran la huella de carbono del cobre. Un cobre producido con energía solar o gas natural tiene ventaja frente a matrices más contaminantes, mejorando precios y acceso a mercados premium. En paralelo, el Perú debe redefinir su relación con China, su principal socio comercial, para avanzar hacia envíos con mayor valor agregado y reducir la dependencia del concentrado, en un contexto donde ese país impulsa nuevas formas de cooperación tecnológica e industrial con el sur global.

Infraestructura y estabilidad para el crecimiento

El Perú tiene un escenario poco común: cuenta con el recurso, una base energética competitiva y una ubicación estratégica reforzada por infraestructura como el puerto de Chancay, que reduce tiempos hacia Asia y mejora la logística. Sin embargo, una parte importante de su producción potencial sigue paralizada por conflictos y demoras que limitan el crecimiento. Destrabar ese cuello de botella es tan importante como cualquier inversión.

Megapuerto de Chancay. Fuente: PuntoEdu PUCP.

Si el país logra alinear estos elementos, el impacto puede ser profundo. El cobre dejaría de ser solo exportación y pasaría a ser motor productivo. Al capturar valor dentro del territorio, se genera industria, se elevan los ingresos y se reduce la pobreza de forma sostenida.

El Perú tiene todo para competir, pero requiere inversión privada, que a su vez exige estabilidad. Ese es el punto donde la coyuntura actual se vuelve determinante. El proceso electoral, iniciado el 12 de abril, debe cerrarse con claridad para dar paso a un gobierno con reglas previsibles y capacidad de sostener un pacto social que viabilice proyectos, integre territorios y atienda la pobreza.

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