En cualquier plan de desarrollo serio, la educación y tecnología deben ocupar un lugar central. El futuro del Perú, y de cada una de sus regiones, depende de la capacidad de conectar el aprendizaje con la productividad. En la actualidad, seguimos formando estudiantes para una era que ya no existe: una educación basada en la repetición y la memorización. El resultado es un sistema que produce egresados desconectados del mundo real, con baja capacidad de adaptarse a la velocidad del cambio científico y digital que vivimos.

Durante décadas, el modelo educativo peruano ha privilegiado la memorización, mientras que los países que hoy lideran la economía del conocimiento apostaron por el aprendizaje activo y la construcción del saber.
En el Perú lo demostramos hace casi treinta años con el proyecto INFOESCUELA (1996–1999) que llevó robótica construccionista a cientos de colegios públicos, implementado por Aprender Creando y el Ministerio de Educación (licitación pública 005-96-ED) y evaluado por el MIT y la PUCP. Los resultados fueron claros: los estudiantes que aprendieron construyendo y programando desarrollaron mejores competencias cognitivas y socioemocionales que aquellos formados con materiales monodisciplinares (lupa, tangram, etc).
PISA, pensamiento computacional y la era digital
Complementando esa evidencia, la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) ha demostrado, mediante su evaluación PISA, que los estudiantes que aprenden con estrategias activas obtienen mejores resultados en matemáticas y ciencias que quienes dependen de la memorización.
Esta prueba, reconocida globalmente, mide el desempeño educativo y orienta políticas públicas. Además, PISA ha incorporado el pensamiento computacional y pronto incluirá capacidades digitales. En el Perú, sus resultados nos ubican entre los países con menor rendimiento, lo que confirma la necesidad de actualizar los materiales educativos a la Era Digital.

Complementando esa evidencia, la OCDE, mediante su evaluación PISA, ha demostrado que los estudiantes que aprenden con estrategias activas obtienen mejores resultados en matemáticas y ciencias. Esta prueba, reconocida globalmente, mide el desempeño educativo y orienta políticas públicas.
Además, PISA ha incorporado el pensamiento computacional y pronto incluirá capacidades digitales. En el Perú, sus resultados nos ubican entre los países con menor rendimiento, lo que confirma la necesidad de actualizar los materiales educativos a la Era Digital.
Tecnología y robótica como necesidad pedagógica
Esa evidencia debería bastar para entender que la tecnología es una necesidad pedagógica. La robótica (síntesis del desarrollo científico y de la humanidad) y las herramientas digitales son medios para pensar, crear y resolver problemas. Cuando los estudiantes ensamblan un engranaje, programan un sensor o modelan una estructura, están aplicando matemática, física, lógica y creatividad. Es el conocimiento en acción, y su ausencia explica gran parte de nuestra baja productividad nacional.

Educación, productividad y desarrollo económico
Esa relación entre educación y desempeño productivo es clave: el desarrollo económico de un país está directamente vinculado con su nivel educativo y tecnológico. Ningún país ha dado el salto al desarrollo sin transformar antes su sistema educativo. No basta con invertir más: hay que invertir mejor. Incorporar herramientas tecnodigitales, metodologías STEAM+PH (Ciencia, Tecnología, Ingeniería, Arte, Matemática, Filosofía y Humanidades) y procesos de aprendizaje activos es la base para generar capital humano capaz de innovar.
Experiencias regionales: cuando los docentes aprenden, los estudiantes despegan
Las mejores experiencias educativas del país surgieron al incorporar la robótica construccionista, que elevó significativamente los niveles de logro y comprensión. Desde Ucayali hasta Moquegua, las experiencias muestran que, cuando se forma a docentes en tecnologías educativas y se dota a las escuelas de material tecnodigital, la motivación y el rendimiento mejoran. Cuando los profesores aprenden, los estudiantes se convierten en protagonistas del aprendizaje.

Ese mismo enfoque construccionista es el punto de partida para ingresar a la era de la inteligencia artificial. Lejos de reemplazar este modelo, la IA lo amplía, permitiendo que docentes y estudiantes pasen de construir con piezas físicas a crear soluciones automatizadas basadas en datos y razonamiento lógico.
Transición progresiva hacia la IA educativa
Bases antes que herramientas avanzadas
No obstante, el ingreso a esta nueva etapa debe ser progresivo y pedagógicamente guiado. Saltar a herramientas avanzadas sin bases sólidas solo ampliaría las brechas existentes. El camino debe comenzar por el aprendizaje de máquinas simples, engranajes, poleas, programación básica y resolución creativa de problemas. Solo así docentes y estudiantes comprenderán cómo evolucionaron las tecnologías industriales, analógicas y digitales antes de aplicar sistemas inteligentes.
Si los docentes no se familiarizan con la inteligencia artificial, no podrán guiar a sus estudiantes bajo los nuevos enfoques y conceptos que definen esta era. Hoy, la IA ofrece recursos (como chatbots educativos conectados a WhatsApp) que pueden apoyar directamente su labor desde la planificación de clases en robótica articulada con ciencias, matemáticas y comunicación.
Una transición que el mundo aún no domina
Según una encuesta global de la UNESCO, menos del 10% de escuelas y universidades cuentan con políticas o directrices formales para el uso de IA generativa en educación, evidencia de que la transición debe planificarse y contar con amplia formación docente.
El desafío es político y cultural. Los gobiernos deben dejar de ver la educación digital como gasto y empezar a verla como inversión en productividad nacional. El país que no forme a su juventud para la era de la IA quedará condenado a ser sólo consumidor de tecnología, no creador de ella.
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