El Perú ha ingresado en una etapa fiscal peligrosa: Hay más gasto público de lo que produce y financia su funcionamiento con deuda o ingresos transitorios.
Este desequilibrio en el gasto, que se viene acumulando desde hace varios años, compromete el principal activo macroeconómico del país: su estabilidad.
Si no se corrige, la economía peruana podría enfrentar una pérdida de confianza similar a la que hoy padecen naciones con crisis fiscales crónicas.

1. Un país que gasta más de lo que produce
229 leyes con costo fiscal y 352 en trámite
El Consejo Fiscal, órgano autónomo creado por la Ley N°30099 en 2013, rompió su tradicional reserva y convocó el 21 de octubre su primera conferencia de prensa en más de una década.
El motivo fue grave: alertar que, de continuar la actual tendencia del gasto, el Perú podría entrar “en una fase terminal”.
Las cifras lo sustentan:
- Congreso aprobó 229 leyes con alto costo fiscal.
- Otras 352 iniciativas están en trámite.
- Muchas carecen de financiamiento o evaluación técnica.
Más gasto corriente, menos inversión pública
Según el análisis presupuestal 2024–2025, el gasto total del Estado asciende a S/251,801 millones, pero:
- 63% corresponde a gasto corriente (remuneraciones, bienes, servicios, transferencias, pensiones).
- Apenas 25.8% se dirige a inversión pública.
En términos simples: el país destina cada vez más recursos a sostener su aparato burocrático y menos a construir su futuro.
En un solo año:
- El gasto corriente aumentó 7.4%.
- La inversión pública creció solo 1.3%, por debajo de la inflación.

2. El poder del MEF y la abstinencia de la planificación
Un superministerio sin contrapesos técnicos
El Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), poderoso desde la Constitución de 1993, concentra la decisión final sobre cada sol que se gasta en el país.
Aquella Constitución eliminó la planificación estatal bajo el argumento de “estatismo”, cerró el Instituto Nacional de Planificación (INP) y redujo la capacidad del Estado para orientar el desarrollo a largo plazo.
Desde entonces:
- El MEF actúa como un “súper ministerio”.
- Gobiernos regionales, ministerios y municipios dependen de él.
- El CEPLAN no tiene la jerarquía ni el peso técnico del antiguo INP que sí tenía asiento en el Consejo de Ministros.
Gasto rígido financiado con ingresos extraordinarios
La expansión del gasto no sería preocupante si resolviera problemas estructurales, pero los datos muestran lo contrario:
- La planilla estatal en 2025 crece S/3,700 millones, más de lo previsto.
- Bonificaciones y nombramientos permanentes generan rigidez fiscal creciente.
Además, el Consejo Fiscal advirtió que gran parte del presupuesto 2025 se financia con:
- S/5,500 millones por litigios tributarios,
- fondos no recurrentes,
- usados para cubrir gastos permanentes.
Durante los últimos 25 años de bonanza por minerales, el Estado no planificó ni invirtió en desarrollo a la altura del ciclo económico.
3. Rol del Senado para recuperar el equilibrio
Planificación y Senado: dos pilares institucionales
En este contexto, el Perú necesita recuperar dos pilares que antes ayudaban a controlar excesos:
1. La planificación
Como herramienta técnica para definir prioridades y orientar la inversión.
2. El Senado (nuevamente vigente desde 2026)
Como cámara reflexiva capaz de frenar leyes populistas y gasto irresponsable.
El Senado como contrapeso técnico y político
No es casual que durante el primer gobierno aprista, el Senado —con mayoría aprista— impulsara juicios a ministros de su propio gobierno por decisiones económicas perjudiciales.
Por eso es crucial que el elector vote conociendo a sus senadores, pues esa cámara determinará la calidad de la política peruana.
Ejecución: mucha burocracia, poca inversión
La falta de planificación y de un Senado ha derivado en un Estado que:
- gasta mucho,
- planifica poco,
- invierte sin estudios,
- no prioriza,
- y ejecuta mal.
En 2024:
- La inversión pública ejecutó solo 82.9% de su presupuesto.
- El gasto corriente ejecutó 95.6%.

Responsabilidad fiscal no es gastar menos, sino gastar mejor
Ser responsables con el gasto no significa no gastar.
Significa gastar con propósito.
Un gasto alto puede ser aceptable si:
- impulsa productividad,
- reduce inseguridad,
- mejora salud y educación.
El país no puede seguir destinando más de la mitad de su presupuesto a mantener su estructura administrativa, mientras brechas de infraestructura, seguridad y competitividad permanecen abiertas.
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