José Linares Gallo

En la historia reciente, pocas figuras han generado tanta polarización como Donald Trump. El “trumpismo”, más que una ideología, se ha convertido en una estrategia de poder que combina nacionalismo económico, presión comercial y búsqueda de autosuficiencia industrial. La duda es si esa fórmula puede sostenerse en una economía con menor base productiva y sin la expansión demográfica que sostuvo el liderazgo estadounidense del siglo XX

Donald Tump. Presidente de Estados Unidos.
Donald Trump y el avance del trumpismo, una estrategia que mezcla nacionalismo, presión comercial y búsqueda de autosuficiencia. Fuente: Nueva Sociedad.

Inflación, salarios y pérdida del poder adquisitivo en EE.UU.

Según el Bureau of Labor Statistics (BLS), la inflación interanual de Estados Unidos alcanzó 2,9% en agosto de 2025. Puede parecer una cifra controlada, pero sus efectos se sienten con fuerza. Los salarios nominales han crecido, aunque no lo suficiente para compensar el alza acumulada del costo de vida. Los precios de la vivienda, la energía y los alimentos se mantienen altos, mientras el crédito se ha encarecido por las tasas elevadas de la Reserva Federal. La consecuencia más inmediata es una pérdida del poder adquisitivo y un aumento de la deuda de los hogares, que según la Federal Reserve Bank of New York ya supera los 18 billones de dólares.

Reserva Federal de Estados Unidos.
Las decisiones de la Reserva Federal y los aranceles estadounidenses impactan directamente en economías como la peruana. Fuente: Anadolu.

Aranceles, autonomía y presiones inflacionarias

Detrás de esas cifras hay un cambio estructural. La política arancelaria de Trump —que busca “proteger” la producción nacional— encarece los insumos importados y genera presiones inflacionarias internas. El Fondo Monetario Internacional advierte que un escenario de tarifas generalizadas podría recortar en más de un punto porcentual el crecimiento mundial, afectando tanto a los consumidores como a las empresas estadounidenses. En otras palabras, lo que se gana en autonomía se pierde en eficiencia y competitividad global.

Deuda pública y el efecto global de las tasas estadounidenses

El impacto no se limita al comercio. La deuda pública de Estados Unidos sigue creciendo y el Congressional Budget Office (CBO) proyecta un déficit de alrededor de 1,9 billones de dólares para el ejercicio fiscal 2025. Este nivel de endeudamiento presiona las tasas de largo plazo y encarece el costo del dinero en todo el mundo. En el Perú, donde buena parte de la inversión pública y privada se financia con créditos externos, un aumento sostenido del costo de los bonos del Tesoro norteamericano puede retrasar proyectos de infraestructura o elevar el servicio de deuda interna.

El oro como refugio frente a la incertidumbre global

En este contexto de incertidumbre, el oro ha recuperado protagonismo. Actualmente fluctúa entre los 4.000 y 4.200 dólares por onza, su nivel más alto en la historia, impulsado por la búsqueda de activos seguros frente a la volatilidad geopolítica. Estados Unidos, que posee más de 8.000 toneladas según el U.S. Treasury, se beneficia contablemente, aunque la subida del oro también refleja desconfianza en el dólar y en los bonos del Tesoro.

Oportunidades y riesgos para la economía peruana

Para economías mineras como la peruana, el efecto es dual: mayores ingresos por exportaciones auríferas, pero riesgo de desaceleración si el auge del oro viene acompañado de una caída en la demanda de cobre y zinc, esenciales para la industria global. Mientras las economías del mundo se refugian en el oro —incluido Estados Unidos, China y Rusia— un país como el nuestro, productor histórico de ese metal, apenas mantiene el 4% de sus reservas en oro en el BCRP. Sin duda, somos más papistas que el Papa.

Plantas mineras del Perú. Actividades mineras.
El Perú se beneficia del precio del oro, pero enfrenta riesgos si cae la demanda de cobre y zinc. Fuente: El Comercio Perú.

Reconfiguración geopolítica: oro, dólar y multipolaridad

En paralelo, avanza una reconfiguración geopolítica. Mientras Trump intenta imponer de nuevo el liderazgo unipolar de Estados Unidos; China y Rusia consolidan un frente financiero alternativo: acumulan oro, expanden su influencia en tres continentes y buscan reducir su dependencia del dólar. Esa pugna redefine el mapa económico global y obliga a países como el Perú a mantener equilibrios pragmáticos entre ambas potencias.

Interdependencia global y vulnerabilidad de economías pequeñas

En ese contexto, el oro, el dólar y la inflación dejan de ser simples indicadores macroeconómicos para convertirse en variables de poder. Una decisión de la Reserva Federal o un nuevo arancel estadounidense puede modificar la balanza comercial de países a miles de kilómetros de Washington. El Perú, que depende de los ingresos mineros y de la estabilidad cambiaria, debe seguir de cerca esas señales para ajustar su política fiscal y monetaria. Las economías pequeñas no pueden influir en los grandes, pero sí pueden anticiparse a sus ciclos.

Trump intenta restaurar la idea de una “gran nación americana”, pero lo hace en un escenario donde la hegemonía ya no es absoluta. Su política exterior y económica moldea no solo el rumbo de Estados Unidos, sino también la arquitectura financiera que sostiene al resto del mundo. En ese tablero global, la clave para el Perú está en comprender que cada movimiento del dólar, del oro o de la inflación norteamericana termina tocando nuestro bolsillo. La distancia geográfica no protege de los ciclos económicos, y la interdependencia ya es parte irreversible de la nueva economía mundial.

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