En 2007 tuve la oportunidad de trabajar con las comunidades quechuas de Pamputa y Fuerabamba, en Apurímac, gracias a un proyecto promovido por la minera Xstrata (hoy Las Bambas). Mi empresa, Aprender Creando, desarrolló entonces un programa de capacitaciones tecnolaborales para jóvenes comuneros, con un enfoque distinto al que las empresas solían aplicar, educación en quechua actualizado en tecnología y formación práctica con máquinas herramientas adaptadas a su entorno productivo. El cambio fue inmediato.
Los jóvenes no solo comprendían mejor los contenidos, sino que los aplicaban con entusiasmo al ver que los conocimientos se vinculaban con su vida diaria. Uno de los temas que más despertó su interés fue la generación de energía eólica en una zona con fuertes vientos, porque expresaba una necesidad concreta que es el acceso limitado a electricidad, factor que frena su productividad, sus estudios y su bienestar.

Esa experiencia cambió el rumbo de los intentos formativos previos, al demostrar que el idioma, la pertinencia tecnológica y la utilidad práctica podían transformar la educación en un motor de desarrollo. El interés de los comuneros por las energías renovables era una manifestación de algo más profundo, es decir, su deseo de independencia energética y de progreso autosostenible.
Electrificación rural y desigualdad en el Perú
Pese a la gran cantidad de recursos que tiene el país, la falta de electrificación rural es uno de los principales factores de desigualdad. Miles de comunidades andinas y amazónicas carecen de energía suficiente para conservar alimentos, procesar sus productos o desarrollar emprendimientos que generen valor. Sin energía, no hay industria, ni educación tecnológica, ni salud moderna.

China: electrificación masiva y reducción de la pobreza
El reciente artículo “¡No dejar a nadie atrás! La electricidad impulsa la salida de la pobreza en China” del embajador de China en el Perú Song Yang, publicado el 10 de noviembre en el diario Expreso, describe que la electrificación fue la base del desarrollo rural chino.
En solo cuatro décadas, China llevó electricidad al 99.9% de su población, sacando de la pobreza a más de 800 millones de personas. La estrategia combinó inversión masiva, innovación tecnológica y un enfoque descentralizado donde las zonas rurales pasaron de ser consumidoras a productoras de energía mediante paneles solares y aerogeneradores domésticos.

Hoy los agricultores chinos no solo riegan con energía limpia; también generan ingresos vendiendo el excedente eléctrico, mientras los centros de datos más modernos del mundo operan desde regiones antes empobrecidas, alimentados por energía solar y eólica.
El mensaje resulta evidente. La energía no solo proporciona luz, sino también libertad, porque con la electricidad llegan la educación, el trabajo y la conectividad digital.
Lecciones para el Perú
El caso chino demuestra que la energía eléctrica es un derecho habilitador del desarrollo, no un lujo. El Perú podría seguir ese camino si decidiera convertir sus zonas rurales en polos de energía limpia.
La descentralización energética permitiría que cada región aproveche sus recursos naturales, como la energía eólica en Apurímac, Cusco y Puno; solar en Moquegua, Arequipa y Ayacucho; hidroeléctrica en Amazonas, Huánuco y San Martín; y biomasa en la selva central.
Respecto a las potencialidades en energía solar, el sur de Perú tiene una de las mejores condiciones del mundo para producirla, ya que combina altos niveles de radiación solar con condiciones favorables para la eficiencia de los paneles. Utilizar energía solar en el sur permitiría saldar el compromiso energético en torno al gas de CAMISEA que, hasta ahora, no ha podido llegar a departamentos como Puno y Apurímac, y que aún no puede asegurar el suministro para grandes poblaciones de Cusco, a pesar de ser el departamento de donde se extrae.
Energía, productividad y dignidad en zonas rurales
El acceso a la energía es también una cuestión de dignidad y equidad. No puede haber desarrollo sin luz, ni productividad agrícola sin agua. Hoy, mientras miles de hogares rurales reciben paneles solares domiciliarios, las parcelas empiezan a incorporar bombeo solar, una tecnología que permite extraer y almacenar agua sin diésel, reduciendo costos y elevando la capacidad productiva de las familias.

Llevar energía a las comunidades altoandinas no es un gasto, es una inversión que libera su potencial. Si China pudo electrificar su territorio montañoso y árido, el Perú, con recursos naturales y talento local, puede hacerlo también. Pero requiere una estrategia articulada: transición energética, tecnología útil para la vida productiva y educación en quechua y español para el trabajo.
En su artículo, el embajador chino expresó la disposición de su país a colaborar con el Perú para impulsar un desarrollo compartido y sin pobreza. Le tomamos la palabra.
