En el tramo final del siglo XX e inicios del XXI, Javier Diez Canseco encarnó esa lógica desde la izquierda democrática: ética rigurosa, fiscalización persistente del poder y una convicción profunda de que sin Estado no hay ciudadanía posible. Hoy, en un escenario distinto pero igualmente tensionado, la candidatura de Ronald Atencio invita a una comparación que no busca equivalencias personales, sino identificar continuidades y rupturas en la forma de concebir el poder y ejercerlo.

Javier Diez Canseco: El legado de un político de convicciones
Diez Canseco fue, ante todo, un político de convicciones. Proveniente de una élite económica a la que decidió confrontar, asumió la política como una responsabilidad moral antes que como una carrera personal. Su trayectoria parlamentaria estuvo marcada por la coherencia entre discurso y acción: defensa de los derechos humanos, fiscalización de la corrupción y una visión del Estado como garante activo de justicia social.

Recuerdo que en 1988 él integró la Comisión Investigadora del Senado del dólar MUC, que me tocó presidir, llevando a juicio a 4 ministros de Estado. Para Diez Canseco, el poder no justificaba la renuncia a los principios, aun cuando sostenerlos implica costos políticos, aislamiento o ruptura con aliados circunstanciales. Ese énfasis ético no fue accesorio.
Ronald Atencio y la política desde el litigio estratégico
Ronald Atencio emerge desde un registro distinto. No es un político de larga carrera parlamentaria ni un intelectual orgánico, sino un abogado formado en el litigio estratégico y la defensa de actores políticos y sociales enfrentados al poder establecido. Su trayectoria se ha construido más en la confrontación directa que en la negociación institucional, más en la trinchera jurídica que en el consenso parlamentario.
Puntos de contacto: La crítica al modelo económico y la Constitución de 1993
Mientras Diez Canseco buscó transformar el sistema desde dentro, Atencio plantea una ruptura más frontal con el orden vigente. Sin embargo, existen puntos de contacto relevantes. Ambos comparten una lectura crítica del modelo económico instaurado en los años noventa y una desconfianza profunda hacia un Estado capturado por intereses privados.

La propuesta de Atencio de impulsar una Asamblea Constituyente dialoga —aunque con un tono más radical— con la crítica sostenida de Diez Canseco a la Constitución de 1993 como marco de desprotección social. En ambos casos, la premisa es clara: sin reglas distintas, los resultados no cambian.
Autoridad, Estado y límites democráticos
Las coincidencias también aparecen en la manera de entender la autoridad. Diez Canseco no fue un político blando; concibió la fiscalización y el control del poder como una forma de ejercer autoridad democrática. Atencio, por su parte, propone un Ejecutivo fuerte, especialmente en materia de seguridad y control del crimen organizado, respondiendo a una demanda social urgente.
El desafío de la institucionalidad
La diferencia está en el equilibrio. Donde Diez Canseco priorizaba los contrapesos institucionales como garantía de legitimidad, Atencio apuesta por una concentración de mando que, de no estar claramente delimitada, podría tensionar el marco democrático. El desafío no es menor: ejercer autoridad sin erosionar las instituciones que la sostienen.
Dimensión humana y conexión con los sectores populares
El contraste también se expresa en el plano humano. Diez Canseco logró avances concretos en el reconocimiento de derechos para sectores históricamente invisibilizados. Su acción política estuvo atravesada por una empatía estructural con los excluidos.
Atencio, desde otro registro, construye cercanía con sectores populares a partir de un discurso de lealtad, pertenencia y sentido común, incorporando incluso una dimensión religiosa poco habitual en la izquierda tradicional. Esa combinación —radicalismo económico y conservadurismo social— explica parte de su conexión con un electorado que se siente excluido tanto del mercado como del progresismo urbano, y que demanda orden, reconocimiento y protección.
Aprender del legado sin repetir la historia
La cuestión de fondo no es establecer paralelos personales ni buscar herederos simbólicos. Lo relevante es si la candidatura de Ronald Atencio puede recoger lo mejor de una tradición política como la que practicaba Diez Canseco —ética, coherencia y sentido de Estado— sin repetir errores que la historia ya ha mostrado. Un liderazgo fuerte sin institucionalidad termina erosionando aquello que busca defender.
El Perú necesita hoy algo más que indignación canalizada. Requiere decisión, pero también aprendizaje histórico. Si la propuesta de Atencio logra traducir su voluntad de ruptura en un proyecto que combine autoridad con límites democráticos, y convicción con responsabilidad, podría abrir un espacio político que hoy permanece vacío. No se trata de reeditar el pasado, sino de demostrar que es posible ejercer el poder con firmeza sin abandonar la ética.
