José Linares Gallo

La inteligencia artificial se está concentrando, en términos reales de poder, en dos países: Estados Unidos y China. Es el resultado de decisiones políticas, educativas y productivas tomadas hace décadas. La diferencia de fondo entre ambos modelos no está solo en la tecnología, sino en cuándo y para quiénes se prioriza el desarrollo.

China y Estados Unidos: Propuestas distintas para el uso de la IA. Fuente: ALTONIVEL.

En China, desde el primer grado de primaria, los niños trabajan con pensamiento computacional, robótica e inteligencia artificial integrada al currículo escolar como parte de la formación básica. El objetivo es formar ciudadanos capaces de comprender, usar y crear tecnología desde edades tempranas, incorporando la innovación como una competencia cotidiana.

Estados Unidos, en cambio, mantiene una lógica distinta. Lidera el desarrollo de modelos, chips, centros de datos y aplicaciones de frontera, pero concentra la inversión educativa en inteligencia artificial principalmente en la educación superior y en el ecosistema privado.

El mito de la conectividad en el Perú

Siempre he sostenido que la diferencia entre la educación occidental y la oriental no está en el acceso a la tecnología, sino en su uso pedagógico: en Oriente, el celular se integra al aprendizaje mediante softwares que evitan su uso indiscriminado desde hace 2 décadas.

En el Perú, según OSIPTEL, a finales de 2024 más del 80% de los hogares del ande y la selva y más del 90% de la costa ya contaban con acceso a internet; con lo cual, la excusa de la falta de conectividad ya no existe.

El 85,8 % de hogares rurales ya cuenta con acceso a internet, ya sea mediante conexión fija o móvil. En 2019, esa cifra era de apenas 41,5%. Fuente: La República.

Sin embargo, este avance no se ha traducido en cambios estructurales en el sistema educativo. No falta tecnología, persiste una resistencia cultural e institucional a incorporarla de manera sistemática: se prioriza el memorismo y los materiales mono-disciplinares, mientras el mundo avanza hacia el aprendizaje basado en resolución de problemas, datos y algoritmos.

Los niños, sin importar el continente en el que nazcan, son nativos digitales. Nacen con capacidades para explorar, experimentar y resolver problemas. Esa inteligencia se desarrolla —o se desperdicia— según las condiciones que el entorno les ofrezca. Florece con nutrición adecuada, servicios esenciales de calidad (agua, luz, desagüe, internet) y escuelas con tecnología funcional. Sin esa base, no hay innovación posible.

La paradoja peruana: Riqueza exportadora vs. caída en innovación

El Perú, objetivamente, tiene condiciones que muchos países envidiarían. Dispone de cereales andinos de altísimo valor nutricional y de un mar excepcionalmente rico en proteínas. Una política pública bien administrada podría cubrir sin dificultad las necesidades alimentarias del 30% de la población considerada pobre, del 10% en situación de pobreza extrema, así como el 43% de anemia infantil.

A pesar de haber alcanzado exportaciones por US$90 mil millones en 2025, el Perú ha caído, ese mismo año, cinco puestos en el ranking global de innovación, ubicándose alrededor del puesto 80 entre 139 economías. El crecimiento económico, por sí solo, no genera innovación.

Posición alcanzada por la alianza del Pacífico en el índice global de innovación 2016-2025. Imagen del diario Expreso.

En el Perú de hoy, en América del Sur, solo estamos delante de Bolivia, Ecuador y Venezuela. Seguimos siendo eficientes exportadores de materias primas, pero no transformadores de conocimiento. No existe una política consistente que conecte la riqueza generada por las exportaciones con una inversión sistemática en educación tecnológica temprana, investigación aplicada y desarrollo productivo. Mientras China convierte su educación básica en la base de su poder innovador, el Perú sigue discutiendo si la tecnología “distrae” en el aula.

El rol del Estado y la decisión pendiente

La dicotomía entre Oriente y Occidente revela, en el fondo, dos formas de entender el rol del Estado: uno que orienta y planifica la adopción tecnológica con impacto social, y otro que deja el liderazgo al mercado.

El Perú, atrapado entre ambos, no ha construido un camino propio ni ha tomado una decisión clave: asumir que la innovación comienza en la escuela y se sostiene con políticas públicas coherentes que articulen nutrición, educación tecnodigital y productividad como un solo sistema.

La respuesta no pasa por copiar modelos, sino por aprender de ellos. Aprovechar la experiencia educativa china implica sentido práctico:

  • Incorporar IA, robótica y programación desde la educación básica.
  • Formar docentes para la Era Digital.
  • Articular educación con nutrición y servicios básicos.
  • Usar la riqueza exportadora para financiar capacidades humanas.

El antecedente histórico: INFOESCUELA 1996

El Perú aún está a tiempo. Más aún si recordamos que fue pionero en educación pública tecno-digital, iniciando la robótica escolar en 1996 con el proyecto INFOESCUELA, experiencia que incluso despertó interés del Discovery Channel que llegó en el año 2000 a Lima y Ayacucho para difundirlo al mundo. El problema no es la falta de antecedentes, sino la ausencia de continuidad y decisión tecnodigital y política.

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