José Linares Gallo

El turismo mundial ya superó la pandemia y volvió a niveles históricos. Francia supera los 100 millones de visitantes y España bordea los 93 millones, con un cambio claro: menos volumen, pero mayor gasto por visitante. Ese es el nuevo estándar.

En el Perú, sin embargo, el turismo apenas apareció en los debates presidenciales, pese a ser una de nuestras mayores fuentes de empleo. Alcanzamos 4.4 millones de turistas en 2019, pero hoy seguimos por debajo de ese nivel, aunque con un gasto promedio mayor, que pasó de 1,219 a 1,417 dólares. Menos turistas, pero más valor, en un país que aún no decide aprovecharlo.

El soporte del turismo interno y el impacto de Semana Santa

El turismo interno se ha convertido en el verdadero soporte del sector. Solo en esta Semana Santa se proyecta la movilización de 1.9 millones de personas y un impacto económico cercano a S/ 906 millones, con un gasto promedio de S/ 450 por viaje.

Se incrementa el turismo en el Perú en Semana Santa. Fuente: Quechuas Expeditions.

El turista extranjero gasta casi siete veces más que el nacional, pero el volumen interno sostiene la actividad en las regiones. El problema es que el Perú no ha logrado articular ambos mundos en una estrategia coherente.

Una oferta inigualable: De la gastronomía al turismo religioso

El Perú no dispone de un solo tipo de turismo, sino que tiene todos:

  • Gastronomía: Nuestra marca global y puerta de entrada.
  • Cultura y Arqueología: Con Machu Picchu y una red única.
  • Naturaleza y Aventura: Amazonía, sierra y costa.
  • Turismo Vivencial y Religioso: Que convierte a ciudades como Ayacucho en epicentros de movilidad.
8 de cada 10 turistas llegan al Perú por la comida. Fuente: USIL.

Pocos países ofrecen costa, sierra y selva con experiencias tan distintas en pocos días. Ese es un activo estratégico que no está siendo correctamente vendido.

El problema es la gestión, no la oferta

El turismo en el Perú funciona fragmentado: ministerios que no coordinan y una promoción sin segmentación. Colombia y Chile no tienen necesariamente más recursos, pero sí tienen mejor gestión y estrategias claras de posicionamiento.

Los cuatro pilares para recuperar el sector:

  1. Seguridad Determinante: Implementación de una policía del turista especializada en corredores estratégicos. La percepción de protección es vital.
  2. Promoción Inteligente: El Perú no puede venderse de forma genérica. Debe segmentar: cultura, gastronomía y aventura para mercados específicos.
  3. Conectividad Integrada: El turista debe poder moverse con facilidad; si la logística falla, la experiencia se rompe.
  4. Decisión Política: Una política de Estado que trascienda gobiernos. El Perú puede duplicar su turismo en la próxima década, pero no ocurrirá por inercia.

De la inercia a la gestión

Semana Santa confirma que la demanda existe. El país tiene qué ofrecer y el turismo dinamiza las economías regionales de manera inmediata. Lo que falta no es potencial, es dirección. El Perú no necesita descubrir su turismo; necesita gestionarlo.

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