José Linares Gallo

Los resultados electorales vuelven a evidenciar una fractura clara entre Lima y el Ande, una brecha estructural que arrastra siglos sin resolverse. Mientras la capital concentra decisiones, el sur andino expresa, elección tras elección, un reclamo persistente de integración real. En ese escenario, hay un factor que los candidatos que pasen a segunda vuelta deberían traer al debate: el idioma milenario en el que millones de peruanos intentan insertarse en la economía moderna.

Los candidatos a la presidencia Keiko Fujimori, de Fuerza Popular, y Roberto Sánchez, de Juntos por Perú, pasan a segunda vuelta. Fuente: Infobae.

El impacto del idioma en la productividad nacional

Más de seis millones de peruanos hablan quechua. Sin embargo, el idioma carece de vocablos consolidados de tecnología, economía, emprendimiento y Estado propios de la era industrial, analógica y digital. Esa ausencia impacta directamente en la productividad.

En el Ande, donde se genera gran parte de la riqueza del país, la población enfrenta limitaciones conceptuales para integrarse plenamente al mundo moderno. Esto se traduce en economías de subsistencia y pobreza, pese a que estas regiones sostienen buena parte de las exportaciones nacionales. La contradicción es evidente: territorios que producen riqueza con poblaciones que no logran convertirla en bienestar por el limitado acceso al conocimiento en su lengua originaria.

500 años de postergación técnica

Durante 500 años —300 de virreinato y 200 de república— el quechua quedó relegado a funciones básicas, sin desarrollo técnico. Hoy eso se refleja en una limitación concreta: sin lenguaje actualizado, el acceso a la tecnología es parcial.

Una lengua que no incorpora conceptos productivos modernos reduce la capacidad de aprender, innovar y competir. Por ello, la alfabetización digital en quechua adquiere un carácter estratégico al incorporar vocablos de tecnología, economía y producción para permitir que millones de peruanos operen dentro de la economía contemporánea desde su propio idioma actualizado.

Avances y deudas en la política pública

Esto ya tiene evidencia. Durante 30 años se han desarrollado vocablos en quechua aplicados a robótica y programación, validados con estudiantes y comunidades, incluso integrando el lenguaje Scratch del MIT en quechua dentro de una red global de aprendizaje. El idioma puede evolucionar. El problema es que esa evolución no ha sido asumida como política pública.

Desde hace 5 años, en el Congreso existe un proyecto de ley, en la Comisión de Educación, que propone un programa de alfabetización digital en quechua incorporando vocablos de tecnología, economía, emprendimiento, sociedad y Estado. La iniciativa ha tenido avances, especialmente durante la gestión de Gladys Echaíz (2022 – 2023), pero los últimos tres años ha existido una brecha entre el discurso y la acción legislativa.

Beneficios estructurales de la alfabetización digital

Esta ley mejoraría la educación, ampliaría el acceso a servicios y elevaría la empleabilidad y productividad. También tendría efectos estructurales al modernizar la agricultura familiar, reducir la pobreza y fortalecer la producción local; además, ha sido recomendada por el Parlamento Andino a sus países miembros y el Ministerio de Cultura del Perú la considera un aporte al Bicentenario de la República porque acerca el quechua a la era digital.

La mujer andina y la brecha tecnológica

Ahí aparece un punto crítico. La mujer andina quechuahablante sostiene gran parte de la producción en parcelas familiares, en un contexto donde la proporción de jóvenes —especialmente mujeres— que no estudian ni trabajan (NINI’s) supera ampliamente a la de las ciudades de la costa. Esta brecha se profundiza porque el idioma limita el acceso a información, tecnología y herramientas de gestión. Muchas parcelas venden su producción por adelantado, con escasa capacidad de negociación.

Según estimaciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). En detalle, la cifra ascendió a 23% durante 2023. Esta superó los resultados de 2010 (15.2%) y 2019 (16.9%). Fuente: COMEXPERÚ.

En ese contexto, hay un cambio clave: hoy es posible enseñar programación sin computadoras. A través de la robótica con lectura de imágenes, se puede desarrollar pensamiento computacional sin depender de infraestructura digital.

Conectividad y smartphones como herramientas de aprendizaje

Además, ya existe conectividad. Según OSIPTEL, más del 90% de la población en la costa y más del 80% en la sierra y selva accede a internet a través de smartphones. Esto abre una oportunidad para usar estos dispositivos como plataforma de aprendizaje, incorporando contenidos en quechua en el Ande y en shipibo en la selva, junto con asistentes educativos con inteligencia artificial vía WhatsApp.

El voto andino y la necesidad de un pacto real

A pesar de esto, en las campañas electorales, el Ande aparece en los discursos, pero las propuestas siguen ignorando la lengua nativa. El voto andino refleja una exclusión acumulada. Mientras la base productiva no se atienda, esa distancia seguirá marcando la política nacional.

Hay una imagen que resume esta contradicción: tubérculos y granos andinos posicionados como productos gourmet en el mundo, mientras quienes los producen permanecen en pobreza desde hace siglos. Esa asimetría refleja que la producción está desconectada de conocimiento y tecnología, lo que limita el desarrollo del Ande.

Impulsar la alfabetización digital en quechua no tiene color político; es una necesidad del país que fortalecerá la productividad, el empleo y el acceso real a la economía del poblador andino.

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