José Linares Gallo

La desconexión de las agendas presidenciales

Los próximos debates presidenciales tendrán entre sus temas centrales la seguridad ciudadana, la salud y la educación. Es lógico. El Perú atraviesa un momento donde la violencia, el deterioro de los servicios públicos y la frustración de millones de familias comienzan a cruzarse entre sí. Sin embargo, seguir tratando estos temas por separado es precisamente parte del problema. Mientras los candidatos los discutan como agendas independientes, las respuestas seguirán quedándose cortas.

Los candidatos presidenciales Keiko Fujimori y Roberto Sánchez, exponen sus propuestas de gobierno durante el debate de la segunda vuelta electoral. Fuente: Andina.

La inseguridad también se alimenta de un sistema educativo que dejó de orientar a muchos jóvenes, de familias golpeadas por una pandemia que el Estado nunca logró acompañar adecuadamente y de territorios donde la autoridad pública fue perdiendo presencia con los años.

Las secuelas invisibles de la pandemia

Durante el COVID-19, murieron más de 250 mil peruanos, una de las cifras de mortalidad más altas del mundo en proporción a la población. Miles de niños quedaron huérfanos o crecieron en hogares golpeados económica y emocionalmente. El país nunca construyó una estrategia seria para acompañarlos después de la emergencia. Muchos terminaron expuestos al abandono escolar, la informalidad y distintos entornos de violencia. Ese impacto sigue ahí, aunque políticamente casi nadie quiera hablar de él.

Hoy la criminalidad organizada también se mueve alrededor de colegios, barrios periféricos y espacios donde la autoridad prácticamente desapareció. Cuando un adolescente siente que estudiar no cambia demasiado su futuro y, al mismo tiempo, ve dinero rápido circulando frente a él todos los días, queda claro que el problema supera cualquier respuesta exclusivamente policial.

El crimen organizado se presenta en la actualidad como una de las amenazas más alarmantes para la democracia y el sostenimiento del Estado de Derecho. Fuente: PUCP.

Crisis penitenciaria y la propuesta de El Frontón

Aun así, el debate sobre seguridad continúa girando alrededor de medidas de corto plazo. El Perú lleva más de una década acumulando estados de emergencia sin modificar realmente el problema de fondo. Las cárceles siguen funcionando como centros de coordinación criminal y el hacinamiento penitenciario supera el 140%.

En ese escenario reaparece la discusión sobre El Frontón. Más que una megacárcel, debería entenderse como parte de una reorganización integral del sistema penitenciario: un espacio aislado que permita separar reincidentes, integrantes de organizaciones criminales y jóvenes primarios antes de que el propio sistema termine convirtiéndolos en delincuentes más violentos. Esto se puede realizar con eficacia gracias a su cercanía (15 minutos en lancha). Pero ninguna cárcel, por moderna que sea, resolverá por sí sola lo que ocurre fuera de sus muros.

El Frontón se construyó una prisión en 1917 y funcionó hasta 1986. Imagen de Diario Correo.

Infraestructura educativa en riesgo y el modelo híbrido

Por ello, la educación vuelve al centro de la discusión. Los propios planes de gobierno reconocen que 1500 colegios presentan daños estructurales graves y podrían colapsar ante un sismo fuerte, cada día más anunciado. Sin embargo, los años escolares siguen pasando con absoluta normalidad, como si el riesgo de muerte fuera parte natural del paisaje.

Más de 2.000 colegios deteriorados en Lima. Fuente: La República.

El país no tiene margen para esperar una década mientras se reconstruye toda la infraestructura educativa. Por eso debería discutirse un modelo híbrido temporal, combinando clases presenciales algunos días y educación digital el resto de la semana; utilizando el 60% de colegios que hoy se encuentran en mejores condiciones estructurales mientras se interviene progresivamente el otro 40% con mayores problemas.

Conectividad móvil como solución de emergencia

Con smartphones, conectividad móvil y contenidos descargados previamente, esto ya puede aplicarse en gran parte del territorio, incluso en zonas rurales. Según OSIPTEL, el 92% de Lima y la costa, y el 85% de sierra y selva, ya cuentan con acceso a internet móvil mediante smartphones. Esto permitiría aliviar la sobrecarga de la infraestructura deteriorada mientras se acelera la reconstrucción sin detener el aprendizaje. La pandemia demostró que el país puede adaptarse rápido, pero pasada la emergencia nada cambió.

La conectividad a internet en zonas rurales del Perú ha crecido exponencialmente, alcanzando un acceso del 85,8% en 2025. Fuente: La República.

Existe además otro retroceso poco discutido: la educación tecnológica. El Perú introdujo robótica construccionista desde 1996, pero esa lógica interdisciplinaria prácticamente fue desapareciendo. Mientras el siglo XXI avanza hacia inteligencia artificial, automatización y programación, buena parte del sistema educativo peruano continúa atrapado en métodos memorísticos que preparan cada vez menos para el tipo de economía actual.

China entendió hace años que la inteligencia artificial no debía enseñarse separada de filosofía, ética y humanidades. El Perú, en cambio, ha ido avanzando en dirección contraria.

El perfil del electorado: ¿Gerente o Estadista?

Las últimas encuestas empiezan a mostrar un cansancio cada vez más evidente. Buena parte del electorado busca a alguien capaz de recuperar eficiencia y autoridad con capacidad de gobierno frente al avance de la violencia y el deterioro institucional.

Entonces, ¿el Perú necesita un gerente o un estadista?

Probablemente necesite ambos al mismo tiempo. Un estadista capaz de construir visión de largo plazo y articular instituciones, pero también alguien que sepa rodearse de equipos técnicos eficientes y utilizar herramientas digitales para supervisar en tiempo real lo que ocurre en ministerios, regiones y servicios públicos.

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