Crisis de gobernabilidad en el Perú
La crisis de gobernabilidad que vive el Perú no se explica solo por la calidad de sus autoridades, sino también por las reglas que permiten que esas autoridades lleguen al poder.
El sistema electoral, tal como está diseñado, incentiva la fragmentación extrema, debilita a los partidos y produce gobiernos con poco respaldo real. Presidentes con porcentajes mínimos, congresos atomizados y partidos sin vida orgánica son el reflejo de un diseño institucional que ya no funciona.
Un sistema que multiplica partidos sin orden
Un dato comparativo lo demuestra. En las últimas elecciones presidenciales de la región, México tuvo 3 partidos postulando, Argentina 5, Bolivia 5, Chile 7, Colombia 8, Brasil 11 y Ecuador 16. Perú los superó a todos con 18 partidos en 2021. Esta proliferación no se debe a mayor pluralismo, sino a la incapacidad del sistema para ordenar la oferta. Casi ninguna fuerza forma alianzas y cada grupo se lanza por su cuenta, aun sin posibilidades reales. El regalo consuelo: ex-candidato presidencial.
De cara a 2026, el cuadro es aún más crítico: cerca de 40 partidos inscritos y más de 10 mil precandidatos en todo el país. Lejos de fortalecer la representatividad, esta dispersión debilita la legitimidad democrática y confunde al elector, aumentando la probabilidad de votos nulos o viciados.

Partidos sin base real
Reglas que incentivan simulación política
La Ley de Organizaciones Políticas exige un padrón de afiliados equivalente al 0.1% del padrón electoral —unos 27 mil afiliados válidos— además de comités activos en un tercio de las provincias del país, al menos 66. Sobre el papel parece un filtro razonable. Sin embargo, en la práctica ha derivado en efectos contrarios a los buscados.
Primero, ha surgido un mercado informal de “estructura partidaria”. Operadores se especializan en formar partidos para luego “alquilarlos” a candidatos que necesitan una inscripción rápida. Así han aparecido organizaciones sin doctrina, sin cuadros y sin vida interna real.
Segundo, el sistema filtra por capacidad logística, no por respaldo ciudadano. Lo determinante es tener recursos para llenar fichas y comités, incluso bajo mecanismos clientelares, no para construir una militancia genuina. Los partidos nacen sin base social y, una vez inscritos, el incentivo es sobrevivir, no representar.
Filtros débiles y sin continuidad
A ello se suma un tercer problema: los filtros más duros operan al inicio, pero casi no existen sanciones después. Una vez inscrito, un partido solo pierde su registro si no supera el 5% de votos o si no obtiene 7 escaños en más de una circunscripción.
El caso Argentino y las PASO
Un mecanismo que ordena la competencia
Argentina enfrentó un escenario similar y, en 2009, introdujo las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO). El sistema funciona como un doble filtro: todos los partidos votan el mismo día, obligando a toda la ciudadanía a participar en la selección de candidatos. Solo pasan a la elección general quienes superan el 1.5% de los votos válidos nacionales.
En 2023, Argentina tuvo 27 fórmulas presidenciales en las PASO (Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias), pero solo 5 llegaron a la primera vuelta. El filtro eliminó a partidos sin respaldo real y obligó a unificar fuerzas, dejando en carrera a quienes demostraron capacidad mínima de convocatoria.

Reformas clave para el Perú
Umbrales y organización real
Si el Perú adoptara un mecanismo similar, cada partido tendría que movilizar alrededor de 405 mil votantes en sus internas para poder participar en las elecciones generales. Ello obligaría a fortalecer la organización territorial, construir militancia real y formar alianzas entre partidos pequeños que, de otro modo, no superarían el umbral. En la primera vuelta de las últimas elecciones, entre los dos candidatos presidenciales más votados llegaron a 32%, mostrando una grave crisis de representatividad. Menos de un tercio del electorado total.
Elevar la valla electoral
El segundo aspecto clave es la valla electoral. El 5% nacional vigente ha permitido la presencia de hasta 10 partidos en un Congreso de 130 escaños, lo que dificulta cualquier intento de mayorías estables. Elevarla al 10% obligaría a consolidar partidos con arraigo nacional, reduciría la aparición de microbancadas y cerraría espacios al transfuguismo, uno de los mayores males del sistema político.
El objetivo no es tener menos partidos por decreto, sino promover organizaciones que representen proyectos ideológicos claros, con equipos, disciplina y visión de país. Hoy, la derecha, la izquierda y el centro compiten fragmentados porque todos creen tener “chance”.
Gobernabilidad y reglas claras
El origen institucional de la inestabilidad
En la última década, el Perú ha tenido ocho presidentes, múltiples crisis de sucesión y un Congreso permanentemente cuestionado. No es casualidad. Elegimos autoridades con porcentajes muy bajos, en un entorno sin filtros reales y con partidos improvisados que existen más por obligación legal que por convicción política.

Debemos tener claro que la gobernabilidad empieza por reglas claras; la estabilidad, por instituciones capaces de cumplirlas.
