En un escenario electoral marcado por la fragmentación, el descrédito de la política y la demanda ciudadana de resultados, la candidatura de Marisol Pérez Tello para las elecciones generales de 2026 invita a una lectura que trasciende el corto plazo. Su perfil puede entenderse con mayor claridad si se lo coloca en diálogo con la trayectoria de Beatriz Merino, una de las figuras más consistentes del Estado peruano en las últimas décadas. No se trata de equiparar épocas ni carreras, sino de identificar una misma lógica de fondo. La política concebida como gestión institucional, sustentada en técnica, ética pública y vocación de servicio.

Tradición institucional y liderazgo técnico
Beatriz Merino como referente del Estado
Beatriz Merino representa un hito en la historia republicana. Fue pionera en espacios tradicionalmente vedados, no por cuota simbólica, sino por solvencia profesional. Desde la Sunat hasta la Presidencia del Consejo de Ministros y la Defensoría del Pueblo, su paso por el Estado dejó una marca clara: las instituciones funcionan mejor cuando se gobiernan con criterios de mérito, disciplina y autonomía frente a intereses coyunturales. Algo que también trasladó a su labor como Presidenta Ejecutiva de la Universidad César Vallejo por más de 10 años, asegurando la calidad académica de la mencionada casa de estudios.

El derecho como herramienta de transformación
Orden institucional y justicia
Ese mismo hilo aparece, con matices propios, en la trayectoria de Marisol Pérez Tello. Abogada de formación, con una especialización sostenida en derechos humanos y justicia, su recorrido combina experiencia legislativa, gestión ministerial y trabajo académico. A diferencia de perfiles improvisados que abundan en la contienda actual, Pérez Tello llega a la política presidencial con un conocimiento profundo del funcionamiento del Estado, especialmente en uno de sus puntos más críticos: el sistema de justicia.
La comparación entre ambas permite identificar una primera convergencia estructural. La centralidad del Derecho como instrumento de transformación y no como simple retórica normativa. En Merino, esto se expresó en la modernización tributaria y en la defensa del ciudadano frente al abuso del poder. En Pérez Tello, se traduce en la reforma del sistema de justicia, la política criminal y el énfasis en el acceso equitativo a derechos fundamentales. En ambos casos, el Derecho no es un fin en sí mismo, sino un medio para ordenar el Estado y reducir arbitrariedades.
Gestión pública sin autoritarismo
Técnica, eficiencia y legitimidad
También convergen en su lógica de gestión. Beatriz Merino demostró que la eficiencia no es incompatible con la ética, y que un Estado fuerte no requiere autoritarismo, sino reglas claras, equipos competentes y liderazgo firme. Su paso por la administración pública consolidó la idea de que la técnica, bien aplicada, genera legitimidad.
Marisol Pérez Tello replicó esa lógica desde el Ministerio de Justicia al impulsar la articulación interinstitucional, enfrentar el desborde penitenciario con medidas técnicas y priorizar la reparación a las víctimas de la violencia política. Su gestión buscó abordar problemas estructurales desde la institucionalidad, no desde el golpe de efecto ni el cálculo mediático.

Coherencia y responsabilidad política
Costos personales y ética pública
Hay, además, una coincidencia axiológica relevante en tiempos de polarización: ambas entienden la política como un espacio de responsabilidad histórica. Ni Merino ni Pérez Tello han construido su capital público desde el populismo ni desde la complacencia con el poder. Por el contrario, sus trayectorias están marcadas por renuncias y costos personales cuando consideraron que la coherencia debía primar sobre la conveniencia.
Las diferencias, sin embargo, también importan. Beatriz Merino consolidó su legado principalmente desde la gestión técnica y el rol arbitral del Estado, en especial como Defensora del Pueblo. Marisol Pérez Tello, en cambio, da un paso adicional al asumir el reto electoral y proponer un proyecto de país desde una plataforma partidaria.
Marisol Pérez Tello y la apuesta por la institucionalidad
Liderazgo técnico en un contexto de crisis
En ese sentido, el eje del análisis vuelve necesariamente a Pérez Tello. Su propuesta presidencial no promete soluciones mágicas ni discursos grandilocuentes. Se apoya, más bien, en la idea clara de que el Perú no necesita más improvisación ni caudillismo, sino instituciones que funcionen y liderazgos que entiendan el Estado desde dentro.
Vista desde el espejo de Beatriz Merino, la candidatura de Marisol Pérez Tello aparece como la continuidad de una tradición poco visible pero fundamental en la política peruana: la del liderazgo técnico con convicción democrática.
En un país donde el problema no es la falta de leyes, sino su incumplimiento, y donde la desigualdad se expresa sobre todo en el acceso a la justicia, esa opción merece ser evaluada con seriedad.
