El debate presidencial de segunda vuelta dejó una impresión bastante extendida: ninguno de los dos candidatos logró imponerse de manera clara. Tanto Keiko Fujimori como Roberto Sánchez tuvieron momentos sólidos y evitaron errores graves, pero también dejaron expuestas sus principales debilidades y los temores que generan en sectores importantes del país.

En términos políticos, el resultado parece acercarse a un empate. Algo similar ya habían planteado algunos periodistas y analistas luego del debate entre equipos técnicos realizado dos semanas atrás. En uno de los principales programas políticos dominicales del país, la discusión comenzó precisamente con esa conclusión. Esta vez, tras el enfrentamiento presidencial directo, la sensación parece ir en la misma dirección.
Keiko Fujimori: La apuesta por el orden y la gestión
Keiko Fujimori apostó claramente por transmitir experiencia, control y capacidad de gestión. Su discurso buscó posicionarla como una candidata preparada para gobernar un país en crisis. Habló constantemente de orden, seguridad y recuperación del Estado. Intentó presentarse como una figura capaz de tomar decisiones difíciles y construir acuerdos en un escenario político cada vez más fragmentado.

Sin embargo, esa misma estrategia tuvo un costo visual y comunicacional. Por momentos se le vio rígida y demasiado dependiente de apuntes. Leer mucho en televisión puede transmitir preparación, pero también cierta distancia emocional; misma sensación que se transmitió en el debate entre equipos técnicos.
Roberto Sánchez: El manejo escénico y el deslinde radical
Roberto Sánchez, en cambio, apostó por otro registro. Su principal fortaleza estuvo en el manejo escénico. Miró constantemente a la cámara, habló de forma más directa al elector y aprovechó casi cada intervención para confrontar a su rival. Más que intentar parecer técnico, buscó mostrarse cercano, firme y combativo.

Pero Sánchez también enfrentó uno de los principales problemas de su candidatura: la necesidad permanente de deslindar con posiciones radicales. En entrevistas al término del debate, deslindó cualquier vínculo político con Antauro Humala y aseguró que no habría expropiaciones ni desconocimiento de derechos adquiridos, buscando transmitir tranquilidad a sectores económicos que todavía observan su candidatura con desconfianza.
El post-debate y la batalla en el ecosistema digital
Hoy, los debates ya no terminan cuando se apagan las cámaras. El verdadero impacto continúa después, en entrevistas, redes sociales, TikTok, clips virales y declaraciones posteriores. Con frecuencia, sus efectos se extienden durante toda la semana en conversaciones familiares y cotidianas que terminan influyendo en la decisión final del votante.
Keiko Fujimori entendió esa necesidad. En entrevistas posteriores insistió en respetar el marco legal, recordó su paso por prisión como prueba de sometimiento a la justicia, y se reposicionó como garantía de estabilidad. Dirigiéndose a jóvenes y sectores moderados, sostuvo que la elección no es una disputa entre izquierdas y derechas, sino entre el caos y el orden —un planteamiento que contrasta con el discurso ideológicamente confrontacional que ella misma mantuvo durante la campaña, pese a que inclusive el expresidente de la institución empresarial más importante del país ha sostenido reiteradamente que esa división ya no existe.
Otro momento importante fue cuando le consultaron a Keiko Fujimori si proponía la reducción del Estado. Descartando esa idea, respondió con una frase que seguramente evoca a nuestro ilustre premio Nobel cuando fue candidato: “Nosotros lo que proponemos es tanto Estado como sea necesario”.
Los vacíos del debate y la crisis de seguridad ciudadana
El eje de seguridad terminó siendo un tema transversal. El país atraviesa una crisis donde la criminalidad, las extorsiones y la pérdida de autoridad estatal se han convertido en parte de la vida cotidiana. Ese contexto explica por qué ambos candidatos buscaron proyectar liderazgo antes que simple capacidad técnica.
El debate también dejó vacíos: poca profundidad en reforma del Estado, tecnología, infraestructura educativa y modernización institucional. La política peruana sigue discutiendo demasiado el corto plazo y poco las reformas estructurales que el país necesita.
El peso de las redes sociales y las alianzas políticas
Los pocos días que quedan de campaña trasladarán buena parte de la discusión a las redes sociales. Desde las campañas de Barack Obama en Estados Unidos quedó claro que las elecciones modernas ya no se definen únicamente en plazas o sets televisivos, sino también en el ecosistema digital. Allí los discursos se fragmentan, los errores se magnifican y las emociones se aceleran, porque cada uno dice su verdad.
Además, las adhesiones de los otros grupos políticos con representación parlamentaria podrían ser determinantes. Ahora Nación y Obras han decidido apoyar a Juntos por el Perú, mientras que el Partido del Buen Gobierno llamó al voto viciado. Renovación Popular, por su parte, planteó un llamado a votar “contra el comunismo”, lo que en la práctica termina funcionando como un respaldo tácito a Fuerza Popular. Habría que preguntarse qué existe en la mente popular que se alimenta de información todos los días.
En una segunda vuelta tan ajustada, probablemente gane aquel que consiga transmitirle al elector una sensación de mayor tranquilidad frente al problema que hoy atraviesa a todo el país: una inseguridad ciudadana que sigue cobrando víctimas prácticamente todos los días.
