Xi Jinping acaba de visitar Washington y Donald Trump realizó un gesto diplomático poco frecuente: se trasladó personalmente a la Base Conjunta Andrews para recibirlo al pie del avión. Fue la tercera reunión entre ambos desde el regreso de Trump a la Casa Blanca, en una relación con tensiones sobre comercio, seguridad y semiconductores e inteligencia artificial.
No se resolvió todo, pero sus intereses económicos y estratégicos obligan a mantener el diálogo, y confirmaron dos reuniones más este año: APEC en China y el G20 en Miami. Más allá de las tradicionales discusiones entre izquierda y derecha, el mundo necesita espacios donde las grandes potencias puedan encontrarse. Cuando las dos mayores economías dialogan se genera estabilidad para el mundo, desarrollando educación, ciencia y tecnología.

El regreso a la Casona de San Marcos
Mi regreso a San Marcos. Al respecto, el 26 de septiembre fui invitado por mi amigo, otro sanmarquino como yo, Raúl Chamané, quien fue varias veces decano del Colegio de Abogados de Lima y autor de muchos libros, a la presentación del tomo V de Xi Jinping: La gobernación y administración de China, organizada por la Fundación China Hoy, en la Casona de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, donde estudié Ciencias Económicas durante tres años, antes de que se inaugurara la Ciudad Universitaria en 1962.
El encuentro se produjo a pocos días del 1 de octubre, cuando se conmemoran los 77 años de la fundación de la República Popular China. Esta celebración coincide con los 55 años de relaciones diplomáticas entre el Perú y China, una relación que ha pasado del intercambio político y comercial a la educación, la ciencia y la tecnología.

Volver a San Marcos me permitió ver esa transformación de cerca. Se expresa en acciones, no solamente económicas y comerciales, como el primer socio del país. También influye en la formación de jóvenes de educación superior con tecnologías de punta.
Los pilares de la cooperación tecnológica entre China y San Marcos
China apuesta por San Marcos. San Marcos desarrolla con instituciones y empresas chinas una cooperación que incluye becas, formación de especialistas, capacitación docente, infraestructura, laboratorios y transferencia tecnológica.
1. Educación técnico-digital y movilidad eléctrica
El Taller de Luban, primero de esta red en Sudamérica, de educación técnico-digital, economía inteligente, automatización y tecnología automotriz. Incluye módulos formativos, equipamiento y capacitación para docentes y alumnos.

Además, San Marcos dispone de la carrera de Ingeniería Mecatrónica, con áreas como robótica industrial, automatización, electrónica de potencia y movilidad eléctrica. También funciona la Academia de Ingenieros de Excelencia China-Perú, que vincula a San Marcos con la Universidad Tecnológica del Sur de China y contempla posgrados, investigación aplicada, laboratorios y pasantías.

2. Proyectos aeroespaciales, Chancay y conectividad
La cooperación llega incluso al campo aeroespacial, con proyectos de satélites de comunicaciones, teledetección y procesamiento de información vinculados al desarrollo de Chancay. A ello se suman acuerdos en computación en la nube, big data y tecnologías 5G.
China apuesta por San Marcos, y San Marcos (la primera universidad de América), próxima a cumplir 500 años, busca recuperar su presencia internacional y convertirse en un referente latinoamericano en ciencia y tecnología.
Del ábaco y el quipu a la inteligencia artificial
Lección para los estudiantes y educadores. La inteligencia artificial ya está modificando la investigación, la producción, el empleo y la educación. Por eso la competencia entre países no se mide solamente por quién desarrolla los modelos más avanzados. Comienza mucho antes, con la formación integral del niño.
Varios países asiáticos han priorizado durante décadas la educación, la familia, la disciplina de estudio y la ciencia. China ha convertido la formación científica y tecnológica de sus nuevas generaciones en una de las bases más importantes de su desarrollo.
Ese proceso comienza en los primeros años. El niño que aprende a investigar, experimentar, construir y utilizar responsablemente la tecnología se convertirá mañana en técnico, ingeniero, investigador o científico. Por eso la inteligencia artificial debe estar presente en todos nuestros niveles educativos.
Puntos de encuentro entre dos civilizaciones milenarias
Nuestras civilizaciones tienen puntos de encuentro. Mientras una conserva una tradición milenaria que influye en su concepción de la familia y la educación. Nuestro país posee una extraordinaria herencia andina basada en la comunidad, el trabajo y la transmisión del conocimiento.
Hace cinco mil años, ambas civilizaciones crearon instrumentos que hoy se consideran antecedentes del código informático y de la computadora: en los Andes de Sudamérica, el quipu; en China, el ábaco. Hoy nos encontramos frente a una nueva herramienta, la inteligencia artificial precedida del Internet de las cosas.
El desafío es que nuestros niños no sean solamente consumidores de esa tecnología. Deben aprender a comprenderla, investigar y crear con ella, con una educación que forme capacidades científicas y fortalezca a la familia y los valores que ponen ese conocimiento al servicio de la sociedad.
Esa es la reflexión que me dejó mi regreso a la Casona de San Marcos. Mientras Washington y Pekín buscan entenderse, una universidad con casi cinco siglos de historia demuestra que mira al futuro. Cooperar con China debe priorizar preparar a nuestros niños y jóvenes para un siglo XXI cada día más tecnológico.
