Un terremoto no se puede predecir, pero una alerta temprana detecta cuando la ruptura ya comenzó y puede enviar un aviso segundos antes de que lleguen las ondas más destructivas. Según la distancia al epicentro, ese tiempo puede permitir detener trenes, cortar suministros peligrosos, abrir puertas de emergencia y advertir a la población para buscar zonas seguras. La alerta no predice el sismo, pero convierte información inmediata en tiempo para reaccionar y reducir significativamente la pérdida de vidas.

El modelo de integración a gran escala en China
China ha llevado esa lógica a gran escala. En 2024 culminó su red nacional de alerta sísmica con 15.899 estaciones de monitoreo. Los avisos pueden difundirse por teléfonos móviles, televisión, aplicaciones y altavoces en simultáneo. Además, el país ha extendido sensores automáticos, satélites e inteligencia artificial para vigilar deslizamientos, lluvias intensas e inundaciones. A fines de 2025 reportaba más de 75.000 dispositivos automatizados de monitoreo y alerta frente a riesgos geológicos. La característica central de ese modelo es la integración: detectar lo antes posible, procesar y comunicar en una misma cadena.

La urgencia del silencio sísmico en Lima y el Callao
El Perú necesita avanzar con urgencia. Frente a la costa central, Lima, han pasado casi 280 años sin un sismo de la magnitud del terremoto y tsunami del 28 de octubre de 1746, que destruyó Lima y el Callao. Hubo sismos fuertes después, en 1940, 1966 y 1974, pero el segmento central del Perú, Lima, sigue acumulando energía y el Instituto Geofísico del Perú (IGP) considera posible un evento significativo. No sabemos cuándo ocurrirá, pero cada segundo de anticipación contará.
Estado actual de los sistemas nacionales (SASPe y SISMATE)
Tenemos una base. El IGP desarrolla el Sistema de Alerta Sísmica Peruano (SASPe); INDECI conduce la respuesta; el SISMATE envía mensajes masivos a teléfonos; SENAMHI monitorea amenazas meteorológicas y el COEN articula información. Pero hay brechas de cobertura, velocidad e integración por superar, como lo demostró el último simulacro de sismo. El SASPe seguía en marcha blanca a mediados de 2026. Y el SISMATE, que muchos confunden con una alerta sísmica, no es lo bastante rápido para avisar de un terremoto. Las instituciones deben compartir información y actuar coordinadamente con especialistas nacionales e internacionales.

Cooperación internacional: China, Japón y la soberanía tecnológica
La relación con China ofrece una oportunidad concreta. El actual COEN fue inaugurado en julio de 2019, construido y equipado con una donación del Gobierno chino. En noviembre de 2024, INDECI y la agencia china de cooperación (CIDCA) revisaron un proyecto para mejorar la continuidad operativa y el centro de datos del COEN. Esa relación podría ampliarse hacia pilotos de inteligencia artificial para análisis sísmico, sensores en quebradas y laderas, observación satelital de lluvias extremas y canales de alerta.

Pero esta cooperación debe responder a prioridades peruanas. Si el monitoreo depende de tecnología extranjera, los acuerdos deben garantizar soberanía y seguridad de los datos, interoperabilidad con los sistemas nacionales, transferencia tecnológica y capacidad peruana para operar las herramientas. Japón también coopera con Perú: según el IGP, el sistema instalado en el sur con tecnología japonesa fortalecerá el SASPe. China, nuestro principal socio económico, debe seguir aportando capacidades dentro de una estrategia diversificada.
Hoja de ruta para la Presidencia del Consejo de Ministros
La Presidencia del Consejo de Ministros, como ente rector del SINAGERD, debe articular al IGP, INDECI, SENAMHI, CENEPRED, MTC y los gobiernos regionales.
1. Implementación por fases y zonas críticas
En el corto plazo, corresponde integrar la información y desarrollar pilotos en:
- Lima y Callao: para sismos.
- Piura y Lambayeque: para inundaciones.
- Quebradas críticas de la costa central: para huaicos.
Luego, ampliar sensores, formar especialistas particularmente peruanos e incorporar inteligencia artificial con validación técnica. El objetivo final debe ser una plataforma nacional que integre estas amenazas.
Presupuesto, ejecución del gasto y el valor del tiempo
El financiamiento no parte de cero. Para el 2026, el Estado asignó más de S/4.200 millones a reducción, preparación y respuesta frente a desastres, incluidos S/3.065 millones al Programa Presupuestal 0068, además de más de US$2.000 millones en fondos contingentes. Pero al 6 de julio solo se había ejecutado el 44%, y la Defensoría del Pueblo ha advertido niveles críticos de ejecución en gobiernos regionales y locales (Informe Defensorial N.° 270). El reto no es solo cuánto se asigna, sino cuánto se ejecuta bien y a tiempo. La cooperación internacional puede complementar ese esfuerzo.
China puede ayudarnos a ganar segundos frente a un terremoto y horas frente a un huaico o una inundación. Frente a Lima, esos segundos serán pocos, pero bastan para protegerse, detener un tren o cortar el gas. En prevención, ese tiempo puede significar miles de miles de personas fuera de una zona de peligro. Proteger la vida es el primer deber del Estado; anticiparse al desastre es parte de esa obligación.
