José Linares Gallo

El Perú vive una paradoja alimentaria imposible de seguir ignorando. Somos uno de los países más biodiversos del mundo, cuna de alimentos que hoy sustentan la nutrición global —papa, camote, quinua, kiwicha—, pero basamos nuestra dieta diaria en un alimento importado, barato y pobre: el trigo refinado. El pan y el fideo llenan el estómago, pero no alimentan. En un país donde el 50% de la población es pobre y cientos de miles de niños sufren anemia y desnutrición, esta contradicción es insostenible.

Tabla con los porcentajes de desnutrición crónica infantil en menores de 5 años según departamento del Perú.
Tabla de desnutrición por departamentos en Perú, un país con gran biodiversidad alimentaria. Fuente: COMEXPERU.

Dependencia crítica del trigo importado

Importamos más del 95% del trigo que consumimos. El trigo es barato en el mercado internacional, se almacena con facilidad y su gluten permite industrializar panaderías y fideos a gran escala. Desde la lógica empresarial, es eficiente. Desde la lógica nutricional y estratégica, es una catástrofe silenciosa: dependemos casi totalmente de un alimento inferior en un país con desnutrición crónica.

Trigo refinado: calorías sin nutrición

El trigo refinado es básicamente almidón. Su aporte real es mínimo; el hierro y las vitaminas se añaden artificialmente. Engaña al hambre, pero no aumenta la hemoglobina. No combate anemia. No nutre. Sin embargo, es el alimento base de los sectores más pobres del país.

Plato con harina de trigo acompañado de granos de trigo sin procesar.
El trigo refinado aporta principalmente almidón y nutrientes añadidos artificialmente. Fuente: El Confidencial.

Exportamos superalimentos, pero comemos almidón importado

La contradicción se agrava con otro dato: Perú es el principal exportador mundial de quinua y un exportador creciente de kiwicha, tarwi, camote y otros superfoods cotizados en Estados Unidos, Europa y Asia. Distintos tipos de panes con harina de camote o papa, así como con cereales andinos, han ganado un espacio gourmet nacional e internacional por sus nutrientes y sabor.

Campesino andino recogiendo manualmente espigas de quinua en un extenso campo de cultivo.
El Perú exporta quinua, kiwicha, tarwi y otros superfoods de alto valor nutricional. Fuente: Perú info.

Usamos nuestras mejores tierras y el trabajo de miles de agricultores andinos para producir la cura de la anemia, pero la enviamos fuera. Y con esos mismos dólares de exportación compramos trigo —un commodity nutricionalmente pobre incapaz de combatir la anemia— que llega al país con precios subsidiados. Es un absurdo económico: exportamos nuestra solución y compramos nuestro problema. El mercado no va a corregir una distorsión que es rentable para quien exporta, pero dañina para el país.

El gran absurdo: dependencia extrema del trigo

Aquí aparece lo que llamamos el “gran absurdo”: dependemos de un alimento poco nutritivo, del que importamos el 95%, alcanzando un consumo nacional de 2.4 millones de toneladas de trigo al año, lo que paga un flete alto. Económicamente, se van las divisas. Productivamente, se condena al agricultor andino a vender barato mientras importamos toneladas de un cereal que no soluciona la desnutrición. Estratégicamente, quedamos a merced de los precios internacionales, guerras y sequías globales. Es una falla estructural de política pública que hay que corregir de inmediato.

Cosechadora trabajando en un campo extenso de trigo listo para la recolección.
El Perú importa más de 2.4 millones de toneladas de trigo al año, con altos costos logísticos y pérdida de divisas. Fuente: Agraria.pe.

Oportunidad histórica: la megaindustria wellness y gluten-free

A esto se suma el boom global del mercado wellness y gluten-free. Estamos ante una megaindustria global que mueve miles de millones de dólares. Este público paga tres o cuatro veces más por panes, harinas y productos elaborados con tubérculos y cereales andinos. Para el agricultor de altura, este mercado, sumado al mercado interno, es una vía de transformación real. Ese margen alto de ganancia, sumado a la demanda nacional, son justamente lo que permitirá industrializar, procesar y escalar la cadena productiva andina sin depender únicamente del presupuesto público.

Logística comparada: trigo importado vs agroindustria andina

Importar 2.4 millones de toneladas de trigo es operativo y directo, a pesar del costo del flete: un solo producto, grandes compradores y una cadena industrial consolidada. En cambio, potenciar la producción andina requiere articular miles de pequeños agricultores, mejorar la infraestructura de secado y molienda y fortalecer la cadena de acopio.

La diversidad andina no es un problema: es una ventaja

No es una desventaja; es una oportunidad para crear industria donde hoy no la hay. La diversidad agrícola de la sierra no es un problema logístico: es el punto de partida para una agroindustria moderna con valor agregado, capaz de generar empleo rural, diversificar la economía y reducir la anemia con alimentos propios.

Campesinos de la sierra peruana trabajando la tierra con herramientas tradicionales y sacando papas de los campos.
La diversidad agrícola de los Andes es la base para una agroindustria moderna con valor agregado. Fuente: scidev.

El rol del Estado: activar, no sustituir

El agricultor andino tiene el conocimiento, los cultivos y la productividad potencial. Lo que falta es una arquitectura institucional que conecte esa producción con plantas de procesamiento, compras públicas y mercados nacionales e internacionales. Aquí el Estado no sustituye al mercado: lo activa.

La ruta para transformar la alimentación del país

La ruta es clara: subsidios inteligentes, compra pública masiva (Wasi Mikuna, hospitales, Fuerzas Armadas), plantas de procesamiento rural, créditos para modernizar panaderías y permitir que incorporen 40-50% de harinas andinas, y un esquema de pago justo al agricultor.

El Perú no puede seguir alimentándose pobremente cuando produce algunos de los mejores alimentos del mundo. La verdadera soberanía alimentaria no se construye prohibiendo el trigo: se construye industrializando la papa, la quinua, la kiwicha y el camote, y poniéndolos donde deben estar: en la mesa de los peruanos.

Hoy exportamos nuestra solución y compramos nuestro problema. Es hora de invertir esa ecuación.

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